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sábado, 24 de marzo de 2012

Escenas Celestiales CLIII



- Esto es un desastre. Cada vez llegan menos, a pesar de que en La Tierra cada vez son más.
- Será cosa de los científicos, que se empeñan en racionalizarlo todo.
- No digas boberías, lo que pasa es que lo de Belén fue una auténtica chapuza, sin cámaras de vídeo o de cine que registraran los hechos, ni nada. No hay quien se crea de verdad todo lo que cuenta la biblia. Además, tendría que haber sido un poco más listo y hacer que hablaran de los neutrinos en el libro sagrado, en lugar de eso tan prosaico de "¡Hágase la luz!"
- Pero habrían pasado más de 2.000 años sin que nadie entendiera eso de los neutrinos, así que tan mal no estuvo omitirlos.
- Cierto, en eso tienes razón. Pero tus milagros se han quedado un poco obsoletos con el tiempo.
- Resucité a Lázaro y multipliqué panes y peces... y lo de caminar sobre las aguas fue un punto, padre.
- ¿Y a quién pretendemos asombrar con eso? La Humanidad ha puesto su pie en la Luna, chaval. Comparado con eso, lo de caminar sobre las aguas es algo demasiado folki. Invita a la risa.
- Pero convenció en su época.
- Pero ya no. Estoy pensando en enviarte de nuevo... y esta vez, con luz, neutrinos y taquígrafos.
- Pues ya iba siendo hora. Dije que no pasaría una generación hasta que me volvieran a ver el pelo y aquí me tienes, el único ser de carne y hueso -aparte de mi madre- que pulula por estos lares. Creo que te estoy empezando a dar la razón en lo de la chapuza.

sábado, 17 de marzo de 2012

Escenas Celestiales CLII



Las carcajadas atronadoras no cesaban. Temblaba todo, claro, porque la risa de un dios es otra cosa y porque hacía eones que aquel ser único no se reía de esa forma. Su hijo sonreía con cara de no saber si echarse a llorar de un momento a otro, pero, acostumbrado como estaba a perdonar a quienes le ofendían, acabó por sumarse al jolgorio general. ¿El motivo? Un vídeo de pésima factura, pero con el ingenio suficiente como para remover las conciencias de los creyentes, esos seres que se aferran a la fe desesperadamente como antídoto contra el desamparo o el miedo a la muerte. No soportan que les cuestionen sus dogmas y llegan incluso a denunciar las ofensas ante la Ley. Y también hay jueces que toman partido y se hacen eco de esas ofensas y admiten las denuncias a trámite e imponen fianzas de 192.000 o de 144.000 por ese motivo. Nada de eso ocurre en el Cielo. Allí dios no necesita de leyes, jueces o creyentes que le defiendan o que intenten hacerlo real... allí él es el jefe y además es infinito en su misericordia y sabiduría, motivo por el cual posee un sentido del humor lo suficientemente civilizado como para partirse la caja con el hilarante cortometraje del señor D. Javier Krahe, que ustedes pueden disfrutar a continuación. (Va por Usted, Maestro Krahe).



sábado, 10 de marzo de 2012

Escenas Celestiales CLI




Opción A.) Aquel sitio no era país para mujeres, desde siempre relegadas a un segundo plano, y más aún desde el momento y hora en que aquel dios jefe decidió manifestarse como varón y no como hembra, y encima a través de una misteriosa fecundación celular sin origen determinable: al parecer, el simple acto de una maternidad común, en el seno de una mujer común, no se le antojó suficiente ni adecuado. Todas esas almas que en vida habían sido mujeres tenían por delante toda una eternidad de sojuzgamiento, humillación e insultante desprecio. Nada que no hubieran conocido ya de sobra, pero con la novedosa perspectiva de no acabar jamás.

Opción B.) Aquel sitio no permitía el desprecio ni el sojuzgamiento de unas almas sobre otras, ni por razón de sexo ni por cualquier otro motivo. Por eso, las almas que en vida habían sido misóginas en vida (curas, papas, jerifaltes, imanes y machistas en general) no acababan de encontrarse a gusto y tenían por delante una eternidad sin visos de mejoría.

Opción C.) Aquel sitio no reparaba en géneros, las almas eran capaces de olvidar si en vida fueron hombres o mujeres y la felicidad era total y absoluta.

Si la opción C es la correcta (y pareciera que efectivamente lo fuera, aunque la B sería la más justa), entonces cabe preguntarse legítimamente acerca de la mala leche de ese dios jefe y de su forma claramente misógina de hacer las cosas a través de sus iglesias y de sus papas y rabinos en la Tierra.

sábado, 3 de marzo de 2012

Escenas Celestiales CL



O igual el Cielo es, simplemente, dejar de sentir... esa manía que compartimos con la mayoría de los seres vivos y que nos ata a la tierra y al mundo; que nos sirve de transmisor de lo que sucede y nos permite situarnos en la realidad; que nos hace estar alerta ante los peligros y descansados cuando el medio es seguro. Es absurdo pensar que todo eso le haga falta a las almas (y más en un sitio como el Cielo, libre de todo mal), así que lo lógico es pensar que en el Cielo no hay sensaciones, ni sentidos ni sentimientos.

Quien haya tenido que operarse con anestesia general alguna vez probablemente entienda a lo que me refiero. Cuando despiertas sientes que te han robado el tiempo en el que permaneciste sedado -o incluso que has regresado de la propia muerte-, porque, a diferencia del sueño normal, con una anestesia no sientes nada de nada, ni siquiera hay una noción latente del tiempo y tampoco hay sueños o pensamientos que recordar cuando recuperamos la consciencia. Es como si durante ese tiempo no hubieras existido. La sensación que se tiene después es muy extraña y -también extrañamente- muy placentera, porque puedes decirte a ti mismo "La Muerte Era Esto". Y ves que no está nada mal, porque no sientes ni padeces, porque no vibras, porque -simplemente- no eres. No hay alegría, vale, pero tampoco hay dolor, porque no hay NADA. Y puede que eso sea exactamente el Cielo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Escenas Celestiales CXLIX



Lo peor del cielo no es la posibilidad de que no podamos volver a ver jamás aquellas películas que nos marcaron para siempre y que tantas veces disfrutamos y volvimos a disfrutar en vida, no. Lo peor es la sospecha de que ni nos acordaremos de que eso solía llenarnos los corazones y que si por ejemplo nos tropezamos con las almas de Jeanne Moreau o de François Truffaut, lo más seguro es que no sepamos reconocerlas. Y si por algún tipo de milagro las reconocemos pese a todo, ellas mismas no sabrán lo que fueron o llegaron a suponer en las vidas de nadie. Da espanto pensar que de tal estado de cosas pueda surgir una felicidad y, además, eterna. Se parece más bien a una tortura de dimensiones diabólicas, en el mejor de los casos, y a la nada más absoluta en el peor.

sábado, 18 de febrero de 2012

Escenas Celestiales CXLVIII


Nada más llegar, preguntó por dónde quedaba la playa. No había playa, le dijeron. De hecho, no podía haberla, el agua y la arena no eran cosas que abundaran por allí. Y aquella alma -que en vida había sido un pescador completamente feliz y ninguna otra cosa- lloró y lloró y lloró por los siglos de los siglos amén.

Y jamás hubo consuelo posible. Si no fuera porque las lágrimas de las almas no tienen sustancia, ahora mismo no estaríamos hablando de Cielo, sino de Mar.

sábado, 11 de febrero de 2012

Escenas Celestiales CXLVII



Allí no hay arriba ni abajo, adelante o atrás, a un lado o hacia el otro. O más bien sí, hay todo eso, pero cada uno tiene su sistema de coordenadas particular, como en una litografía de Escher. Y, sin embargo, esto tampoco tiene mayor importancia, habida cuenta de que toda la verbena se desarrolla en 10 dimensiones y las tres en las que pasamos nuestra vida son apenas nada en comparación. Desde esa privilegiada atalaya, el universo que hoy contemplamos se ve insignificante, la parte infinitesimal de una realidad muchísimo más caleidoscópica que lo que somos capaces de imaginar -10 dimensiones, ya digo-, por mucho empeño que pongamos. Pero que no se froten las manos los que ven en esta explicación de aparente rigor científico al hilo de los más recientes descubrimientos de la física cuántica un cielo como el que nos cuenta la biblia. Porque en un sitio así, un ser estrictamente tridimensional, como vendría a ser un Jesús de carne y hueso ascendido tras resucitar, tiene menos cabida que en España un juez que pretenda investigar la corrupción o los crímenes del franquismo.

sábado, 4 de febrero de 2012

Escenas Celestiales CXLVI



La fe tiene estas cosas: como el único requisito para entrar era arrepentirse oportunamente de los pecados cometidos y pedir perdón a dios, allí se juntaban los guionistas y realizadores de exhaustivos documentales sobre la formación de la Tierra y del Universo en secuencias de miles de millones de años, con curas que reducían todo ese tiempo a seis días -más uno de descanso-, o con viceconsejeras de sanidad cuyo máximo mérito en vida habría sido cuestionar que un enfermo crónico viviera 'gratis' del sistema. A unos quizás les pudo la cobardía en el momento postrero, a otros les bastó con seguir ciegamente lo que sus mayores les habían enseñado y a las terceras... bueno, a ésas todavía muchas almas se preguntan cómo demonios se las dejó entrar.

sábado, 28 de enero de 2012

Escenas Celestiales CXLV


No daba crédito a lo que veía. Ante él desfilaban almas 'ataviadas' de color naranja, recitando sin parar "Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare, Hare Rāma, Hare Rāma, Rāma Rāma, Hare Hare", acompañados de un sonido ensordecedor de tambores y crótalos, aunque no los hubiera por ninguna parte (¿cómo iba a haberlos?). Enmedio de todo aquello, Krisná, el octavo avatar de Visnú, se dejaba adorar muy gustoso por aquel ejército de posesos arrebatados y, para que todo les fuera más agradable, de puro generoso había ambientado el lugar como si del mismísimo Picadilly Circus se tratase. Y ahí tenías a esa especie de mermelada naranja subiendo y bajando por Shaftesbury Avenue, blandiendo sus Salagrama shilá y sin parar de cantar y bailar. Y así por toda la Eternidad. Él, por supuesto -al igual que antes de él lo hicieran tantos miles y miles de millones-, mandó a mudar todas las creencias que había profesado hasta la fecha y se adhirió a la masa. ¿Qué otra cosa podría hacer?

sábado, 21 de enero de 2012

Escenas Celestiales CXLIV



Llegó como quien no quiere la cosa, entró por aquella pedazo de puerta y se puso a mirar a su alrededor durante apenas cinco minutos. Ese tiempo le bastó para tener claro que lo último que haría en su vida muerte sería quedarse en aquel sitio. Porque ante su mirada desfilaban los pastores adventistas y los telepredicadores más rancios que imaginarse pueda, entre un fuerte olor a laca y maquillaje, capirotes del Ku-Klux-Klan y cruces ardientes. Las planas mayores de los políticos ultraconservadores (Margaret Thatcher, Ronald Reagan, Fraga) se refocilaban con dictadores de solera (Pinochet, Somoza, Franco), al verse ganadores del cielo eterno que siempre sintieron suyo y por ser éste exactamente como lo pintan las iglesias más conservadoras del mundo (¡vétete por ahí con la tabarra de las Bienaventuranzas, pringao!).

Todo correcto y en plena coherencia con el ideario que dio lugar a todas las Cruzadas de la historia, lo que no cuadra es que se empeñen en decir que su dios es todo Amor, ¿verdad?

sábado, 14 de enero de 2012

Escenas Celestiales CXLIII



Y luego están las arpas, que ése y no otro es el instrumento con el que los ángeles se dedican a musicar el ocio infinito. No sé cómo reaccionarán el oído o el pensamiento humano a un concierto de arpa ininterrumpido de, pongamos, mil doscientos trece días de duración (digo, por no mentar la eternidad). Incluso en el caso de que las escalas fueran variando de la dórica hasta la mixolidia, pasando por todas las demás, llegaría un momento en que cualquier alma normal se saltaría la tapa de los sesos (si la tuviera, claro). Que la música que interpretaran los ángeles consistiera exclusivamente en adaptaciones de los grandes éxitos de Georgie Dann apenas supondría un gramo de crueldad añadida a tamaña tortura. Menos mal que para las ocasiones especiales (Juicio Final y cosas así) se tienen reservadas las trompetas, pero ése es ya otro cantar.

sábado, 7 de enero de 2012

Escenas Celestiales CXLII



De todas aquellas almas, las que peor lo llevaban eran aquellas que en vida se habían dedicado a tareas de mantenimiento de edificios y espacios domésticos. Los únicos elementos que en aquel lugar podían llegar a precisar de sus servicios eran la cerradura o los goznes de las puertas de acceso y las sillas del Jefe y su Subalterno, porque otra cosa no había, como es bien sabido. Una vez cada doscientos años, más o menos, el desgaste obligaba a revisar y, llegado el caso, reponer algún componente, pero ya se encargaba San Pedro de hacerlo ipso facto por obra de algún milagro, dejando a las almas postulantes con cara de idiota al ver que, una vez más, se quedaban sin posibilidades de autorrealización. Mal asunto, ser de mantenimiento no teniendo nada que mantener.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Escenas Celestiales CXL



Esto del cielo no siempre fue así. Realmente sólo existe desde que dios bajó a la Tierra en forma de hijo, para prometer que después de esta vida hay otra mucho mejor (también prometió que no pasaría una generación hasta que volviera para juzgarnos a todos y aquí seguimos, ya tú ves, 2.000 años después). Así que los que tuvieron la mala suerte de morirse antes de esa fecha, fritos.

Pero a lo que iba: tras 2.000 años de muy amenas y variadas actividades en torno a la contemplación de la Gloria Divina, héte aquí que las almas más surferas vienen encontrando, desde hace ya algunas décadas, solaz y especial divertimento en danzar por el éter, esquivando las estelas de los aviones de líneas comerciales o quedándose quietas y permitiendo que el avión las atraviese (o ellas el avión, que eso no es fácil de dilucidar) con todo su pasaje a bordo. Los pasajeros no advierten nada de esto, claro, porque están concentrados en evitar que la comida se les caiga de las bandejitas, pero las almas se dan un verdadero festín atravesando las vísceras y los corazones a razón de mil millones de veces por segundo. Algún pasajero se siente de pronto impelido a mirar por la ventana sin saber por qué, pero ése es apenas el único efecto provocado por tamaña vorágine. En los pasillos, las azafatas continúan sonriendo como si nada pasase.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXIX



Nadie se imagina un Cielo repleto de señalizaciones, ¿verdad? Hemos de entender que las almas no precisan de señales. Por eso, allí no hay letreros ni nada que diga "a tal sitio, por aquí", "ha llegado usted a tal otro", "siga recto", "dirección prohibida" y cosas así. En tal caso, o bien las almas adquieren una especie de mapa por ciencia infusa nada más llegar -algo así como una especie de GPS celestial- o bien están condenadas a vagar eternamente hasta hacerse con el sitio y saber dónde está todo. Triste.

La alternativa sería más triste aún: las almas vagarían sin saber a dónde van ni lo que encontrarán en el futuro. Igualito que lo que les pasaba en la Tierra. Demasiadas alforjas para tan nimio viaje.

Y hay una alternativa más a todo esto, que es aún más angustiante, si cabe: que las almas no tengan curiosidad ni interés alguno en moverse del sitio que les tocó. Y así por toda la Eternidad.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXVIII



Para él fue muy sencillo. Nada más llegar preguntó por ella y le dijeron sobre la marcha dónde podría encontrarla. No pasó ni un nanosegundo y ya estaba a su lado. Como si el tiempo no hubiera pasado, presentaba el mismo aspecto que había tenido cuando le dejó tantos años atrás, en medio de la noche y sin poder despedirse.

Para ella fue más difícil. Le había dejado siendo él apenas un niño y ahora se encontraba con un anciano desconocido que no dejaba de abrazarla fuertemente. Dejó un alma todavía por construir, con todo el futuro por delante, y se encuentra con un deshecho humano al que la vida le ha pasado por encima. Lo reconoce al cabo, claro, porque el instinto materno le dice que es él (porque las almas conservan el instinto materno, ¿no?), y pasa los siguientes eones escuchando con dolor sus miserias y consolándolo, pero sin apartar la mirada de aquel dios que lo ha consentido todo. Durante el resto de la eternidad le mirará de reojo, cada vez con más furia.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXVII



¿Existen la amistad y los parentescos en el Cielo? ¿Se mantienen como eran en la Tierra? ¿Perduran las jerarquías en los quereres y los afectos o nos querremos todos por igual, los que nos adorábamos y los que ni siquiera nos conocíamos? ¿Y cuando nos reencontremos con nuestros enemigos, con aquellos que nos quisieron hacer la vida imposible? ¿Habrá lugar para el rencor? Si se supone que en el Cielo no hay lugar para los malos sentimientos, ¿acabaremos tan felices junto a Hitler, contemplando la Gloria Divina, en plena comunión de almas?

sábado, 19 de noviembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXVI


Según iban llegando a aquel lugar, los parias de la Tierra y las famélicas legiones se adueñaban de todo bajo la atenta mirada del Gran Jefe y contando con su divina aprobación. Así había sido durante los últimos 2000 años -por qué demonios se le ocurriría al 'hippie' de su hijo largar aquellas dichosas Bienaventuranzas- y así seguiría siendo por los siglos de los siglos amén.

En adelante, a los que en vida fueron ricos y poderosos durante pongamos 80 años, les tocará ahora ser los menesterosos durante al menos 80.000.000.000.000.000 de años (y eso apenas es el principio de la eternidad). Y a esa ecuanimidad -acaso un tanto cuestionable- le llaman Justicia Divina.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXV



Lo más bonito es ese entendimiento global sin idiomas que dominará la escena. Si a usted, pongamos por caso, le interesa la filosofía, entonces es de suponer que podrá mantener una grata e instructiva conversación a tres con las almas de Aristóteles y Nietzsche en un momento dado. No me pregunte cómo se trasvasan con comodidad los pensamientos de una cierta enjundia en griego, alemán y español de forma que siempre esté todo claro, pero hay que entender que en el Cielo esto no sólo es posible, sino que es la tónica habitual.

Claro que también cabe la posibilidad de que allí no tengan lugar los pensamientos complejos o ni siquiera los pensamientos más sencillos y que todo se reduzca a la contemplación obnubilada de la Gloria Divina, como si estuviéramos todos fumados. En un escenario así, nadie habla con nadie y los idiomas de cada cual no suponen problema alguno. Nos miramos unos a otros y nos sonreímos mutuamente en perfecta comunión de almas, pensando para nuestros adentros -cada uno en su idioma, eso sí- "¡Yas, qué chachi!".

Tanta alforja para tan exiguo viaje (conozco a camellos que se lo montan mejor, parapetados en sus esquinas).

sábado, 5 de noviembre de 2011

Escenas Celestiales CXXXIV



Lo que peor llevaba era el demasiado reciente descubrimiento de que en aquel estado etéreo e ingrávido no se contemplaba, ni como mera hipótesis, la posibilidad de dormir o de echarse una cabezadita, empezando porque no había cabeza que echar ni ojos que cerrar.

Le aguardaba pues una eternidad sin descanso, una eternidad de lo más eterna, la contemplación ininterrumpida de la Gloria Divina por siempre... y así hasta la extenuación que jamás llegará, pese a la constante hiperactividad. Terrible. Quizás en el infierno no se estaría tan mal, después de todo -pensó para los adentros que tampoco tenía.

sábado, 29 de octubre de 2011

Escenas Celestiales CXXXIII


Pues allí había mesas repletas con la mejor comida y la mejor bebida; camas a tutiplén con sábanas de raso, seda y teciopelo; museos con lo mejor y más granado del quehacer humano; carreteras por las que acelerar hasta romper los motores; puestas de sol inenarrables en playas también inenarrables... y hasta baños con su inodoro y todo.

Porque hay cristianos ortodoxos que piensan que el Cielo, sin duda, es la continuación de lo mejor de la vida, pero amplificado y con el aliciente añadido de ser eterno. Y, claro, también hay quien encuentra que cagar es uno más de los grandes placeres de la existencia humana.

No cabe duda de que, como Cielo, supera con creces la versión católica de arpas y nubes, pero habrá que ver si todo el mundo en ese lugar está de acuerdo en que es divino oler día tras día -y eternamente, no lo olvidemos- los efluvios de los placeres de los demás. Por no hablar del propio pastor ortodoxo fustrado que me ha contado todo esto, para quien otro de los grandes placeres de la vida es la pornografía.