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viernes, 3 de abril de 2009

¡Pónme la otra mejilla, chaval!


Bermejo coincide -tan sólo coincide- en una cacería con Garzón y la derecha mediática y partidaria se pone de un histérico tan despendolado que el ministro de justicia acaba dimitiendo. Granados se cita -¡se cita!- para comer en un restaurante con el juez que instruirá el caso Gürtel, como si esto fuera lo más normal del mundo, y para nada piensa en dimitir, ni nada por el estilo, adónde va usted. Por si faltaran elementos desestabilizadores de la balanza, el nuevo ministro de justicia se ha dedicado a
quitarle hierro al asunto. Dice que no es bueno andar formulando imputaciones o haciendo conjeturas respecto a este tipo de reuniones. Que hay que pensar bien, vamos, aunque venga blanco y en botella. ¿Quiénes son aquí los buenos cristianos que ponen la otra mejilla? ¿Y por qué a los que abofetean no se les recrimina su desfachatez? Aunque sólo sea por vergüenza ajena, ya que a la vista está que no saben lo que es la propia.


miércoles, 25 de febrero de 2009

Tarjeta roja


Minuto 45 de la primera parte: Bermejo ve la primera tarjeta del partido y recibe la expulsión directa por salirse del campo sin el permiso del árbitro. Durante el choque, y con anterioridad a este momento, ha habido todo tipo de faltas, agarrones, zancadillas, pisotones, patadas, puntapiés, empujones y escupitajos al propio árbitro, pero provenían del equipo contrario y, claro, ésas no cuentan. Por cierto, los de ese mismo equipo siguen gritándole al árbitro para que saque más tarjetas rojas. Las preguntas obligadas son: ¿qué va a pasar ahora en la segunda parte del encuentro? y, la más importante, ¿existen las tarjetas azules?

martes, 24 de febrero de 2009

Estoy perplejo... ¡se va Bermejo!


- Soy ministro. Cazo sin licencia.
- Pues a la calle. Siguiente...

La corrupción le costó muy cara al partido de Felipe González. Tan cara, que la dimisión de Bermejo probablemente haya que valorarla desde esas claves (si no, no se explica). Los votantes del PSOE decidieron entonces no tragar con la podredumbre que envolvía a los cuadros del partido, de ahí el soberano castigo en las urnas. Y se entiende el pánico a volver a pasar por ese trance, así que, -¡ay!- dimisión al canto. Ahora está por ver si cunde el ejemplo en el principal partido de la oposición, aunque no parece que estén por la labor. Al parecer, sus acólitos no son tan tiquismiquis con la mierda. Si aquí ha dimitido un ministro por torpe... ¿qué no tendrían que hacer los políticos que se hallan chapoteando en plena carajera jurídica, en constante ir y venir entre indicios, sospechas e incluso hechos palpables? Que el gobierno haya aceptado la dimisión de Bermejo viene a ser poco menos que un reconocimiento de que algo de razón había en las estúpidas -por infantiles e interesadas- sospechas conspiranoides vertidas sobre él y Garzón. En cambio, donde sí que hay sospechas sobradamente justificadas, nada sucede. Al partido de los más necesitados le ha salido redonda la jugada de D. Borja María Zallana de los Acebos. Pues poderosos aliados el popular partido tiene, que diría Yoda.

Va tener razón don Ricardo: "
Es muy difícil entender cómo un partido político del que en pocos días estamos descubriendo que está absolutamente podrido por dentro, cómo un partido político del que en pocos días estamos sabiendo que sus altos cargos e incluso sus cargos públicos andan metidos en tramas de espionaje e increíbles redes de tráfico de influencias y de corrupción urbanística, puede poner en jaque al Gobierno legítimo con una simple y vulgar cortina de humo. [...] ¿Cómo es posible que el Gobierno se acompleje ante tamaña cortina de humo, cómo es posible que un ministro dimita por las presiones casi mafiosas, y desde luego caciquiles, de los dirigentes de un partido que se está ahogando en su propia miseria, nunca mejor dicho?"

viernes, 13 de febrero de 2009

Mariano, Luis y Baltasar


Las gentes que disfrutan cazando en absoluto gozan de mi admiración. No suelo tenerlas en gran estima, porque a través de su afición exhiben con orgullo -aunque seguramente sin querer- la raíz depredadora de nuestra condición animal, reminiscencia de una evolución de diez mil siglos transcurridos en las cavernas de las que apenas acabamos de salir. Pero allá ellos, me digo, que tiene que haber gente pató. Si les gusta reunirse para cazar, que lo hagan cuantas veces les venga en gana, que éste es un país libre, como se suele decir. Y si uno es juez y otro es ministro de justicia, y ambos apetecen de la cinegética a la vez, pues que lo compartan fraternalmente, como debe ser.

No veo el problema por ningún lado, pero, como en nuestro imaginario colectivo existe La (genial) Escopeta Nacional de Luis García Berlanga, ha sido muy fácil retocar la situación para convertirla en piedra de escándalo y en regalo de reyes magos para esa especie de gato panza arriba en que se ha convertido el PP en las últimas jornadas. ¿Será posible que todo lo que le está sucediendo al principal partido de la oposición no sea otra cosa que una inmensa trama roja, gestada con tanta frivolidad como empecinado descaro, entre concejales del propio PP, cananas y alegres disparos a los rastrojos? ¿Cuándo se acordó la conspiración que haría temblar a la derecha toda? ¿Nada más llegar a la montería o después de la comida?

No parece sensato sostener que la situación sea el resultado de tamaña urdimbre, y sin embargo Rajoy lo hace. ¿Volvemos a las teorías conspiranóicas, mi Brey? Volvamos. Sí, es cierto. Se reunieron en esta cacería y otras muchas veces más, en restaurantes, logias y burdeles, encima y debajo de la mesa. Conspiraron y conspiraron hasta reventar de placer y siguieron conspirando. Por mí como si se establece que juez y ministro son pareja de hecho y les da por contraer matrimonio. Por mí como si se lo cuentan todo en la cama. Por mí, como si uno le dijera al otro al oído, entre arrumacos: "Anda, precioso. Díme que vamos a ir a por el PP."

Y al PP esto también debería importarle una higa, si tuviera limpias las manos y la conciencia, pero las pruebas demuestran que no es así. Tranquilidad en lugar de arañazos a diestro y siniestro (sí, a diestro también). Ésa sería la pose acertada, si no hubiera motivos sobrados para saltar a los botes salvavidas. ¿Tres penalties injustos, dice mi Brey? Más bien una tangana disparatada -¡iba a decir colosal!- con muchos goles en propia puerta. Si Mariano Bermejo y Baltasar Garzón quisieran empurar a todo bicho viviente, necesitarían, como mínimo, que hubiera denuncias para que hubiera caso. Y las ha habido. Y han provenido de las propias gentes del Partido Popular. Qué le vamos a hacer. Los cazadores son así.