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lunes, 5 de marzo de 2012

Citas insuperables (125)



"En lo que a mí respecta, me mueven fundamentalmente dos ideas: saber hoy más sobre el mundo de lo que sabía ayer y aminorar en lo posible el sufrimiento de los demás. Te sorprendería ver hasta dónde esto te puede llevar." - Neil deGrasse Tyson, brillante científico y un divulgador como la copa de un pino, probablemente respondiendo a alguna pregunta del tipo: 'Si no hay un dios, ¿qué motivos tiene usted para vivir?', o, 'Si nadie nos ha puesto aquí, ¿qué sentido tiene entonces la vida?'... y otras sandeces por el estilo, porque esas preguntas contienen en sí mismas la respuesta: un buen motivo para querer vivir puede ser precisamente la certeza absoluta de que no hay un dios, de que esta vida es lo único que tenemos y que ésta es la única vez que vamos a estar aquí. Ciertamente, no parece que esto sea un motivo menor.

martes, 6 de septiembre de 2011

Citas Insuperables (98)


"Si no podemos pensar por nosotros mismos, si somos incapaces de cuestionar la autoridad, somos pura masilla en manos de los que ejercen el poder. Pero si los ciudadanos reciben una educación y forman sus propias opiniones, los que están en el poder trabajan para nosotros. En todos los países se debería enseñar a los niños el método científico y las razones para la existencia de una Declaración de Derechos." - Carl Sagan, que parece que nunca entendió que eso de Educación Para la Ciudadanía no es otra cosa que puro adoctrinamiento marxista y que sólo por encima de mi cadáver, que diría Rajoy.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Citas Insuperables (74)


"El sistema educativo, que sigue rigiéndose por una sociedad subproducto de la revolución industrial, tiene que cambiar. Y una de las pautas pasa por desechar la competitividad y fomentar el verdadero trabajo en equipo, el altruismo". - Eduard Punset, el del programa 'Redes', queriendo subvertir el orden establecido y acabar con nuestro bienamado sistema. Al parecer no tiene suficiente con esa máquina de fabricar rojos y masones que es la asignatura de Educación Para la Ciudadanía.

¡Uy, lo que ha dicho! Desechar la competitividad... fomentar el altruismo... Como le oiga Rajoy...

martes, 12 de octubre de 2010

Qué alegría cuando me dijeron...


Hay motivos para la alegría, pese a todo. Dentro de nada va a tener lugar en EE.UU. el primer ensayo clínico con células madre embrionarias. Al menos, que se sepa, porque quiero pensar que la ciencia ya ha tenido la osadía de probar a escondidas de los inquisidores, tal como se veía obligado a hacer Miguel Servet a espaldas de la Iglesia. Espero que el ensayo realizado por instituciones privadas -que no dependen del dinero público frenado por los salvadores de almas- tenga éxito y que la persona parapléjica que se ha prestado a realizar las pruebas recupere algo de movilidad, si no toda. Ya me imagino su felicidad y la de los suyos. La compartiré también, si el sueño se hace realidad, como lo haría cualquier ser humano ante éste y cualquier otro avance de la ciencia que nos facilite y mejore la existencia. Y que salga luego el cura a dar la matraca con que eso no es lo que Dios quiere y demás pamplinas por el estilo. Que salga.

viernes, 2 de julio de 2010

7.000 asteroides


Un reciente informe ruso asegura que, en estos precisos momentos, siete mil asteroides están cruzando a toda leche el espacio sideral con dirección a nosotros. Pero no conviene exagerar. En realidad son sólo 6.960 los que se dirigen imperturbables hacia La Tierra y, de ellos, sólo el 87 %, es decir, un total de 6.070, ronda los cien metros de diámetro, más del doble del meteorito que en 1908 arrasó más de 2.000 km cuadrados de tundra en Tunguska, Siberia. Es decir: con o sin exageración, harán pupa.

El resurgimiento del cine de catástrofes ha abonado estupendamente el terreno durante los últimos años y yo ya estoy diseñando las camisetas que me harán rico para siempre (aunque 'siempre' sea sólo unos meses o los pocos años que tarden en llegar esas piedras). "¡El fin del mundo... lo que yo decía!", exclamarán gozosos los profetas acólitos de Nostradamus y de los Mayas. "¡El fin de España... lo que yo decía!", exclamarán gozosos Mariano Rajoy, Cospedal y Pons, porque intuyen que, ahora sí, de ésta, Zapatero no se escapa.

Y lo mejor vendrá cuando todas las cabezas -no las nucleares, ay, sino las de las personas- se giren hacia un mismo punto del planeta en busca de una solución, de una respuesta, de un halo de esperanza. Hacia el punto exacto del globo terráqueo en el que se halle, en ese preciso momento, seguramente a salto de mata entre conferencia y conferencia, con vino y al volante, aquél que ha de devolver el equilibrio a la galaxia. Aquél que sabrá lo que hay que hacer sin albergar ninguna duda. El Elegido.

La vida suele poner a prueba a los más grandes... y él, grande entre los grandes, no iba a ser menos. Va a ser su hora: 7.000 asteroides. Ahí es nada, por fin un reto a su altura. Seguro que ya está trabajando en ello.

viernes, 5 de marzo de 2010

Ágora


Por fin la he podido ver y ha superado todas mis espectativas. Amenábar ha hecho un gran trabajo con Ágora. La película me parece más creíble en todos los sentidos que Gladiator, por poner una comparación (ahí es nada, Ridley Scott). Las escenas de aproximación y alejamiento desde y hacia el espacio son de una poesía soberbia y nos sitúan con mayor fuerza, si cabe, en la época y en la acción que se narra. Hoy sabemos que la Tierra es redonda. Lo era también entonces, cuando las religiones lo negaban. En el espacio reina el mayor de los silencios y, mientras las gentes se desoyen y se desollan unas a otras sobre la faz de la Tierra, no se vislumbra ningún dios flotando en el infinito.

Desde el momento de su estreno en los cines, he asistido como un testigo mudo a las quejas de quienes se sienten ofendidos por el pretendido tufo anticristiano que destila toda la película. Me parece normal que a quienes están acostumbrados al cine religioso de Hollywood, con sus Túnicas Sagradas, sus Diez Mandamientos, sus 'Víctor Matures' y sus 'Charlton Hestons', etc., etc. les repatee que, por una vez, quien salga mal parada sea la religión. Incluso si la película pecara de tendenciosa y anticristiana, yo la vería como un simple granito que se posa en la pesa vacía de la balanza. Pero es que, además, resulta no ser tal: no son sólo los cristianos los que actúan dogmáticamente contra el pensamiento científico, los judíos también participan en la fiesta, así como los seguidores a ultranza de los dioses tachados de paganos por judíos y cristianos. De forma natural, las tensiones entre unos dioses y los otros se vuelven irresolubles y se concentran finalmente en las piedras o en las puntas de espadas y lanzas. Empuñándolas, la voluntad de poder, ya sea por fe o, simplemente, por mandar, que tanto da.

Cuando Hipatia le dice a Orestes que Cirilo ya ha ganado, no se refiere a la toma de poder que acaba de producirse y que supondrá el fin de la científica, está diciendo que ahí comienza la supremacía del dogma sobre la duda. Ya puede la película ser más o menos fiel a los hechos históricos concretos que pretende retratar -critiquen esto todo lo que quieran, que ahí no entro-, el caso es que, efectivamente, a ese último destello del pensamiento clásico que fue la Alejandría de Hipatia le siguió una etapa de más de mil años de oscurantismo científico. La clarividente matemática, una vez más, acertó, Cirilo ganó y nosotros perdimos para siempre la oportunidad de haber sido hoy en día viajeros de las estrellas. Y eso sí que no tiene perdón de dios.

viernes, 12 de junio de 2009

Más Allá


Hay dos naves Voyager, la 1 y la 2, lanzadas en 1977 desde la Tierra, en dirección a los confines del sistema solar y al espacio exterior, cuyas baterías de plutonio aseguran el envío continuado de información a nuestro planeta por unos quince años más. Las naves no sólo transmiten imágenes espectaculares de los planetas que van visitando cual criaturas pacientes y curiosas. También registran los vientos solares y su incidencia sobre las más altas capas atmosféricas de las masas planetarias, en forma de ondas electromagnéticas que, con una simple conversión, se pueden hacer audibles. 

Tal vez a alguno de ustedes le pase lo que a mí: a veces, necesito despegar la vista de nuestro planeta y mirar más allá, para recongraciarme con la existencia. No necesito un cielo metafísico, con el Universo que vemos me basta y sobra. Ahora, gracias a estas dos abnegadas y simpáticas emisarias de nuestro mundo, podemos incluso 'escuchar' más allá. Que ustedes lo disfruten.

miércoles, 22 de abril de 2009

El hemisferio derecho


Ya me parecía a mí que el egoísmo no podía ser la base sólida de nada serio y perdurable, por mucho que insistan los neoliberales que pretenden que el egoísmo individual cabalgando a rienda suelta -y cuanto más suelta, mejor- es el único motor capaz de garantizar el bien común. Hagamos una prueba y pensemos en la analogía, a nivel celular, de esos individuos que se diferencian para imponerse a los demás congéneres, haciendo caso omiso a las normas por las que deberían guiarse, con el mero fin de prevalecer como sea. Esas células originarán su propia estirpe, simpar y poderosa, envidiable a todos los efectos por su prodigiosa capacidad de proliferación, pero letal al fin y al cabo para el organismo que le da cobijo. Un suicidio en toda regla. Es lo que comúnmente se conoce como cáncer. 

Luego están los que dicen que, muy a su pesar, se ven obligados a actuar así, porque así es el mundo y no les queda otro remedio ("lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo"). Con ese argumento pretenden olvidar que el mundo es como nosotros lo hacemos, la vida la inventamos y moldeamos nosotros cada día, ¿quién si no? Estas personas perciben a los otros como una amenaza -o como simples seres extraños, en el mejor de los casos- y practican el ataque como la mejor defensa posible, en una especie de darwinismo a lo 'sálvese quien pueda' o 'ande yo caliente' o 'ellos tan malos, yo tan bueno' o 'es mío, eso es mío, sólo mío'. Pensemos de nuevo en las células. ¿Egoísmo igual a bien común? Va a ser que no. Y sin embargo, nos empeñamos en lo contrario, en la ley del más fuerte. Siempre he querido saber por qué. 

Ahora lo he leído de boca de Rita Levi-Montalcini, Premio Nobel de Medicina, que el próximo 22 de abril cumple 100 años. La culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. Su tesis demostró que este hemisferio está menos desarrollado que el otro: "El cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente. 

La solución, clara como el agua y de una lógica aplastante, la aporta la propia científica: "Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía. [...] Comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo.

No sé si entienden por qué sostengo que el derecho que algunos padres reivindican para inculcar a sus hijos todo lo contrario es, cuando menos, cuestionable.

martes, 10 de marzo de 2009

Dios no investiga, el hombre sí


Me los imagino echando espuma por la boca, a los guardianes de la moral -de su moral-, a los centinelas de occidente, a los beatos luchadores contra las malas artes del maligno malo malísimo, a los elegidos de dios -de su dios-. Me los imagino buscando consuelo en sus superiores ("padre, ¿cómo es posible?") y al superior dándolo ("el hombre se ha alejado de dios, hijos míos... devolvámoslo a su vera, con la fuerza si es preciso.").

Esto ya ha ocurrido muchísimas veces con anterioridad, casi siempre acompañando cual sombra a los avances que ayudan a nuestra especie a situarse en el mundo, a ganar su autonomía y a poner las cosas en su sitio sin la intervención de entes pretendidamente superiores. Así, cuando se quisieron realizar las primeras autopsias a cadáveres humanos para aprender de qué estaban hechos nuestros cuerpos, montaron en cólera y encendieron las hogueras. Lo mismo hicieron con aquéllos (con aquéllas, sobre todo) que ejercían unas rudimentales artes curativas muy sospechosas. O con cualquiera que osara poner en duda el dogma impuesto. Pero la curiosidad humana no tiene límites y, en cuanto los hechos observados comenzaron a demostrar fehacientemente que la tierra era redonda, ellos tuvieron que dedicar esfuerzos ímprobos a aplanarla como fuera, a golpe de misales, biblias y encíclicas. El día que las mujeres reivindicaron su derecho al voto, se opusieron con todas sus fuerzas, manteniendo que era un ser inferior al hombre (en muchas de sus estructuras mentales y jerarquías eclesiásticas, lo sigue siendo). Y, aún hoy, no veas cómo se ponen cada vez que una pareja prefiere optar por el divorcio antes que seguir esperando a que la muerte mejore una relación que se ve que va claramente proa al marisco.

El oscarizado Amenábar lo dijo claro una vez. Le preguntaron por lo que pensaba de los que se oponían al matrimonio entre homosexuales. Contestó, poco más o menos, que no importaban, que eran los mismos que hace 100 años les negaban el voto a las mujeres. Lo escuché y sobre la marcha encontré el sosiego que me faltaba: "No importan." Lo dijo sin acritud, ni ira, ni resquemor, ni odio. Lo dijo suave y displicentemente... y yo lo vi claro: "No importan". Los habrá siempre, pero no importan, avanzamos pese a ellos.

Hoy, al igual que hace 50, 100, 500 o mil años, el instinto pirómano arrecia en los enardecidos de la hogueras, porque, esta misma tarde, Obama ha dado licencia para la investigación con células madre en los Estados Unidos de Norteamérica. Y ya veo montado el armagedón por parte de las iglesias todas de un país en el que el más del 60% de la gente piensa que Jesús va a venir a la tierra en esta generación (y esto, por desgracia, no es coña). Pero Obama, como presidente que es, no se ha andado con titubeos y lo ha explicado alto y claro al que no lo quiera entender: "es una decisión tomada sobre la base de los hechos, no de las ideologías". Amén. Avanzamos pese a ellos.