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viernes, 19 de agosto de 2011

¡¿?!


Malos tiempos para la deportividad. Malos tiempos para el razonamiento. Malos tiempos, en definitiva, para todos los que rechazamos la violencia gratuita o la astucia ladina. Hoy los héroes son otros. Son los que saben meter el ojo a la zorrúa* e inmediatamente después son capaces de negarlo todo, por muy evidente que haya sido, y de autoafirmarse como los más machos y limpios del lugar (ya sea por balones o por trajes, que tanto da), creyéndose por encima del bien y del mal, mientras preguntan con tonillo inocente "¿Po qué? ¿Po qué? ¿Po qué?"

* a la 'zorrúa' - expresión empleada en el habla coloquial canaria, con significado análogo a 'a la chita callando' o 'tratando de pasar desapercibido'.

jueves, 7 de octubre de 2010

Una de fútbol


Sin avisar, me vino al recuerdo una jugada de fútbol de la Unión Deportiva Las Palmas que presencié en el Estadio Insular de Gran Canaria, siendo niño. Un jugador -creo recordar que era brasileño- que no llegó a cuajar en el estilo de juego del equipo canario se quedó arrodillado en el área pequeña, atándose los cordones de las botas al final de una jugada de ataque. Estaba agazapado en el ángulo de visión ciega del portero, esperando ladinamente a que soltara el balón para hacerse con él y marcar un gol tonto. El portero acabó por adivinar el juego sucio, antes de que nada pasara, porque el público ya le venía recriminando con silbidos la acción al delantero listillo. Entonces no se toleraba esa falta de deportividad y de fair play en el fútbol. Tal vez, ni siquiera en la vida. No valían los goles marcados de cualquier manera. Contaban el honor y la honra. Pero eso era entonces.

La verdad es que no sé a cuento de qué les cuento yo esto. Seguro que es por algo, pero no se me ocurre.

lunes, 12 de julio de 2010

Animales de compañía

Enhorabuena. ¡La leche! Hemos ganado. Entramos en la historia del fútbol con todo merecimiento. El pulpo alemán tan sólo había optado por una caja entre dos, pero es el país español entero el que ha sabido valorar el esfuerzo y el enorme talento de sus jugadores. Creo que aunque hubiéramos perdido seríamos felices. Se ha disfrutado de su profesionalidad, de su gusto por las reglas del juego y de su limpieza, tanto en el toque del balón como en el trato al contrincante. Nos han inflado a faltas, pero nosotros hemos optado por jugar el balón. La selección española ha demostrado en este Mundial que la cohesión de un colectivo en torno a unas ideas claras y consensuadas es lo más importante, mucho más que las individualidades, aunque a veces sean éstas las que deciden (¡viva Iniesta!). Es un orgullo escuchar de boca de amigos alemanes -que ya se veían ante Holanda en la final-, que su derrota ante nuestra selección fue justa, porque el juego de los de Del Bosque fue superior. También dicen que España es justo campeón. Espíritu deportivo, competición limpia.

A ver si nos da por trasladar lo aprendido en este Mundial de fútbol a los demás ámbitos de nuestra vida y empezamos a mirar con ojos de desprecio al listo que se salta las reglas a la torera, al arribista sin escrúpulos que se cuela por cualquier resquicio sin importarle nada, al que por falta de humildad provoca vergüenza y no otra cosa y, en general, a todos los incapaces de mirar por el bien común y que sólo velan exclusivamente por el propio. Éstos impresentables, a diferencia de Paul, no valen como animales de compañía.

jueves, 28 de mayo de 2009

La humildad de Guardiola


En días como éste, no me digan que no, se echa en falta la visión de Eduardo Galeano o, mejor aún, la certera capacidad de disección sociológica que sin duda habría empleado Manuel Vázquez Montalbán para dar cuenta de lo ocurrido esta noche en Roma. Porque la victoria del Barcelona -y el consiguiente triplete- hay que situarla en su merecida dimensión y yo estoy muy muy lejos de rozar siquiera una mica la sabiduría futbolística de estos dos escritores y analistas de la realidad cuando incluyen la clave balompédica. Aún así, voy a atreverme a decir que se me antoja que lo que ha triunfado hace apenas unas horas en la capital italiana es la constancia, el trabajo disciplinado, el amor por lo que se hace, la voluntad de ser una piña por encima de los egos y, sobre todo, la humildad. Porque son tus acciones las que hablan por ti. La grandeza no te pertenece por designio divino -o mediático-, la construyes día a día. No se gana con el nombre, ni con el color del uniforme, se gana con los hechos. Trabajo, trabajo, trabajo. Actitud Guardiola, que le llamo. 

Frente a eso, la prepotencia, el elitismo centralista, la superioridad de los elegidos por los dioses, la charlatanería de los engrandecidos desde la cuna. Siguiendo estos preceptos, se puede llegar a ser tan fantasma como para presumir de que se sabe cómo salir de la crisis, cuando en realidad no se tiene ni pajolera idea de cómo arreglarse el propio bigote.

Tengo el pálpito de que esa actitud con reminiscencias de imperio venido a menos es la que anoche, mientras ardía Roma, se revolvía presa de rabia entre ascuas, con un estruendoso rechinar de dientes. Se siente.

A veces, en una de esas raras ocasiones en las que la vida parece que quisiera ser justa, las palabras por sí mismas se revelan como la realidad hueca que son. Tan hueca, que lo que debía ser un chorreo hacia el otro desemboca irremisiblemente en chorreo contravenido. Porque ha triunfado la humildad. Enhorabuena a todos.

jueves, 9 de abril de 2009

Barça, Barça, Barça


Tenía editado el post para hoy desde la tarde de ayer, pero él solito decidió hacer causa común con el Bayern de Múnich y se ha retirado a sus cuarteles de invierno, al menos hasta mañana. Me dice que prefiere ceder por unas horas su espacio en este blog a mayor gloria del FC Barcelona que lo está bordando a base de bien. Y quién soy yo para contradecir -y menos aún contrariar- a todo un señor post. Sea, pues.

Jamás pensé que le dedicaría espacio en este blog al fútbol. Si acaso, con ocasión de un hipotético ascenso a primera de la UD Las Palmas, todo lo más. Pero es que lo de anoche fueron 45 minutos de puro espectáculo adrenalítico. Un Barça imperial domesticó a su oponente en su primera cita, con un juego brillante y en sólo medio tiempo de juego. No es que yo entienda mucho de fútbol, pero tampoco me hace falta para constatar que jugaron como una máquina perfectamente sincronizada. Hacen una piña tan compacta, se desviven tanto por tener el control total del balón y del partido en todo momento, se rompen tanto los cuernos en el césped, se les ve tan motivados... que más que un club parecen una selección. Disfruté como un enano de un encuentro de ésos que crean afición. Siento envidia de los culés y siento envidia de los 'furboleros' hasta la médula, porque, hoy, suyo es el reino de los cielos. Enhorabuena y que no decaiga.

Pensándolo bien, sigo sin dedicarle espacio en mi blog al deporte rey de este país. Porque lo de ayer del Barça no fue fútbol. Fue 'futebol' (pronúnciese fuchibol). Otra cosa.

FOTO: MATTHIAS SCHRADER - AP