
Neira encarna lo más detestable del machito ibérico franquista. El pico siempre caliente. La chulería como actitud vital, insultando gratuitamente al 'enemigo' político (porque no es capaz de ver adversarios en lugar de enemigos). La defensa de la virtud de la mujer, a piñas si es necesario, para luego pegarse el revolcón con ella, sin el cual no es capaz de vivir. La pistola al cinto nada más salir del coma. Emular a Torrente en lo de las copas antes de ponerse al volante. La mentira descarada, diciendo que sólo fueron dos cervezas y que la tasa de alcoholemia se le disparó por mezclar alcohol y medicamentos (eso te coloca cosa mala en todo caso, pero no aumenta la cantidad de alcohol en sangre). Ponerse gallito después de haber mentido, en un intento inútil de convertir la mentira en verdad (lo mismo que El Mundo con lo del 11-M). De la escuela del "haz lo que yo digo pero no lo que yo hago." Para él, la libertad toda... y a los demás que les den. A lo Aznar, sin ir más lejos.
Como guinda, recomienda a los jóvenes que, si beben, no conduzcan, emulando patéticamente a un Stevie Wonder que, de entrada, tiene muchísima más vista que el egregio profesor. Y, además, el de Michigan, puestos a elegir entre persona, animal o cosa, sin lugar a dudas es persona.