Mostrando entradas con la etiqueta ficciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ficciones. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de julio de 2011

La CEOE y la Casa Slytherin


La CEOE ve en los genes la clave del éxito escolar y yo me siento trasladado a Hogwarts ipso facto, como por arte de birlibirloque. Oigo lo que dice la patronal de los patronos y me parece estar escuchando a la cúpula de la casa de Salazar Slytherin, ni más ni menos. Por sus bocas hablan Voldemort, el propio Salazar, Lucius Malfoy y Severus Snipe... todos ellos adoradores de la sangre limpia y abominadores de los odiosos muggles, esos hijos de humanos que carecen de los genes y de la estirpe necesarios para ser verdaderos magos. La chusma, vamos.

Yo, por el contrario, siento que pertenezco a Griffindor, junto a Harry Potter, Ron Wesley y Albus Dumbledore, pero, sobre todo, junto a Hermione Granger, la prueba fehaciente de que un muggle también puede llegar a donde se lo proponga. Veo en la igualdad de oportunidades, en la buena docencia y en el estudio comprometido las claves del éxito escolar, independientemente de la familia de la que se provenga.

Sé que un altísimo porcentaje de la gente piensa así y se identifica con Griffindor con más naturalidad que con Slytherin (no en vano el héroe de la saga es Harry Potter y no Draco Malfoy). ¿Qué es entonces lo que hace que la CEOE pueda decir cosas así, sin que un ejército de muggles encolerizados se una de una vez para acabar con su imperio del mal? ¿Por qué aceptamos tan alegremente a Voldemort como animal de compañía?

jueves, 29 de octubre de 2009

Baileys o Martini


Rigurosamente cierto: Conozco a una chica a la que, cada vez que ve algún anuncio de Martini, de ésos con gafas de sol y aroma a Dolce Vita en blanco y negro, le entran unas ganas irrefrenables de servirse un Baileys. Automático, tú. Y yo siempre pienso en el prestigioso e internacional gabinete de marketing que ideó la campaña, en la planificación de los 'spots', en su complicado rodaje con sus castings previos, su ambientación y toda su dirección artística y producción, cortes de calle en Saint Tropez incluidos. Pensaba en el compositor de la banda sonora, en el montador y en la agencia contratante de la publicidad en los medios. Una millonada en dineros y recursos de todo tipo, para vender Martinis... y a mi amiga van y le activan la pituitaria del Baileys.

Quiero decir con esto que nunca sabes por dónde va a salirte una campaña publicitaria. Por muy experto que seas y por muy atados que creas tener los cabos, el desenlace puede ser sorprendente. Lo mismo que los viajeros al centro de la Tierra en la novela de Julio Verne, que se adentraban por un volcán de Islandia y reaparecían por otro volcán en el mismo sur de Europa, ¿o era al revés? ¿Les apetece un Baileys? Invita la casa.

lunes, 23 de marzo de 2009

En un Hawker 800 cualquiera (3)


- "¡Papá!" -el imprecante susurro en el oído derecho le despertó de súbito. "¡Papá! Ya se ha despertado."
Se incorporó guiñando los ojos varias veces y se secó como pudo el vergonzante hilillo de baba que se le salía por la comisura de los labios.
- "Me pediste que te avisara."
- "Claro, hijo, claro. Gracias."

El viejo miraba absorto por la ventanilla, mientras las dimensiones del paisaje aumentaban de forma ostensible: estaban aterrizando.

- "Tengo una sorpresa para tí." -le dijo, poniéndole la mano sobre el hombro.
- "Apuesto a que tiene que ver con mis negocios." -comentó displicentemente, retirando de su hombro, con exquisita suavidad, la extremidad de su invitado.
- "Pues la verdad es que sí." -asintió, compungido, al ver que la sorpresa no lo era tanto. "Ya sabes de qué se trata, ¿no?"
- "Claro que sí, no esperaba menos, pero no me digas nada aquí ni ahora. Me resulta tan vulgar..."
- "Pero es lo que tú querías, ¿no?... y no ha sido fácil, créeme."
- "Para eso he contado contigo, precisamente."
- "Entonces... nuestra amistad... ¿es sólo cosa de intereses?" -preguntó, dolido.
- "¡Claro! ¿Qué te habías pensado?"

En ese preciso instante, nuestro hombre se derrumbó. Literalmente. Un brusco traqueteo de la nave le hizo perder el equilibrio y caer de bruces sobre la moqueta. El avión acababa de tomar tierra. El viejo ni siquiera le tendió la mano. Se incorporó a duras penas, con la única ayuda de su hijo, al que apartó de un manotazo, para dirigirse airadamente a su anfitrión:

- "¿Qué gano yo con todo esto? ¡Díme!"
- "Pues mira. En lo que a mí respecta, puedes seguir diciendo que somos amigos y que nos llevamos divinamente. No te desmentiré."
- "Pero eso no se sostiene. Acabarán dándose cuenta."
- "Es un riesgo que hay que correr, pero tú eres bueno guardando las apariencias. Por la cuenta que te trae."

Con este postrero elogio retumbándole en los oídos, nuestro hombre se condujo cabizbajo y con andar de plomo hacia la salida del avión tras los demás, pero, no bien hubo puesto su pie en la escalerilla, el piloto, haciendo las veces de un improvisado sobrecargo, le espetó:
- "Son diez mil por el viaje. A la comida han sido invitados por los señores. ¿Lo paga
cash o con tarjeta?"

Sintió que se le empañaba la vista.

Nota del autor: Lo dicho, cualquier parecido con la realidad es pura chiripa.




miércoles, 18 de marzo de 2009

En un Hawker 800 cualquiera (2)


Estaba a punto de poner un tres cuando reparó en que ya había uno en la misma fila. Error. No se podía completar el sudoku, vaya por dios. Disimuló como pudo el disgusto, dejó a un lado la revista y trató de conciliar el sueño, emulando a su anfitrión, pero su sobreexcitada mente no le dejaba: "Yo nací para esto... y para cosas mucho mayores, menudo soy. ¿Me tomaré otro whisky? No, mejor un seltz. Tengo que decírselo, se va a alegrar tanto... ¡Dios, me falta un gemelo! Ah no, falsa alarma. Lo de ir de pesca nunca me ha gustado, pero en fin. Mira esas dos, de cháchara... que no han parado desde que salimos. Tengo que ir al baño. Eso debe de ser Suiza. Mira que es bonita Ginebra... ¡Coño, que me meo!"

Tras la micción, se miró en el espejo y se alisó el cabello. Perfecto. Todo estaba en su sitio, de forma impecable. Pero un estertor de hambre le devolvió súbitamente a su condición de mortal. Salió del aseo con solemnidad. No sabía qué debía de hacerse en estos casos, era tan fácil rebasar la línea de las buenas formas... Una vez más, su proverbial instinto hizo el trabajo, él sólo se dejó llevar y preguntó en voz alta y campechana: "¿Nadie más tiene hambre?" 

Su mujer le asaeteó con una mirada recriminatoria, pero la anfitriona echó mano de su enorme don de gentes para aliviar el frío que de repente se había instalado en la pareja. "¡Me comería veinte salmones!" -exclamó entre carcajadas. Se levantó y, sin mediar ceremonia alguna, extrajo de un roperillo unas bandejas de comida y unas copas que repartió entre los viajeros. Risas, frutos secos, salmón con eneldo en frío y Dom Perignon. De postre, marrons glacés. Tras el refrigerio, ya roto definitivamente el hielo, nuestro hombre se lanzó a hablar varias veces más alto de la cuenta. Pero el viejo no se despertaba.


lunes, 16 de marzo de 2009

En un Hawker 800 cualquiera


De todas las maravillas a las que su cargo le había dado acceso, ésta era de las mejores, sin duda. Pocos mortales tienen la oportunidad de saber lo que se siente al paladear un exquisito malta con hielo, relajado en un pedazo de sillón de auténtico cuero vacuno y aletargado por el suave runrún de dos motores de 20,7 Kn que te llevan a 840 kilómetros por hora y a 40.000 pies de altura hacia el parnaso y sin escalas. Ahora él -pensaba, mientras subía, uno a uno, los cinco peldaños del reactor- iba a ser uno de esos pocos. Se lo merecía, después de todo lo andado, ¡qué diantres!

Manteniendo el tipo con británica flema, como si el fascinante entorno le resultara de lo más familiar, se apoltronó en el asiento indicado y elogió a su anfitrión la decoración y el buen gusto en la elección de la tapicería. La costumbre de años le llevó a buscar el cinturón de seguridad para abrochárselo, pero sus proverbiales reflejos le avisaron a tiempo de que no hacía falta y de que, además, no había. No en un avión como ése, un avión para los elegidos, para los que se manejan sin trabas ni ataduras de ningún tipo. El avión de los que triunfan. Un avión donde tú pones las reglas. Su avión.

En el trayecto hasta la cabecera de pista fueron despachadas todas y cada una de las cuestiones de índole técnica que pudieron suscitarse, de forma que el despegue aconteció en el más absoluto silencio hasta que la nave se estabilizó en altura y velocidad de crucero. Aprovechó entonces para pasear con disimulo la mirada por los mil y un detalles: las rutilantes luces del cockpit, el aura celestial de la luz indirecta reflejada en la bóveda de kévlar, el brillo de la madera de boj exquisitamente lacada, la perfección en todas las costuras y remates del imponente mobiliario, el ikebana de orquídeas sobre la mesita... Aceptó el whisky que le ofrecían y cerró los ojos con el primer sorbo ya en la boca. Su olfato tampoco supo permanecer ajeno a la sutil mezcla de aromas que sólo el más exclusivo de los lujos puede proporcionar. En el hilo musical sonaba el canon de Pachelbel. Aquello fue ya demasiado. Nuestro hombre se encontraba literalmente al borde de las lágrimas. Pensó que era el momento ideal para agradecerle a su anfitrión todas sus atenciones. Le iba a hacer muy feliz con una noticia que le tenía guardada para la ocasión, pero, cuando le inquirió al oído por su nombre de pila, no le respondió. Se había dormido.

"Tengo que contárselo, tengo que contárselo" -se decía para sus adentros. Faltaban unas cinco horas para llegar al destino y el tiempo transcurría con una lentitud exasperante. Reparó en el estropicio que estaba causando en sus uñas, cesó de mordisquearlas y abrió una revista de pasatiempos. Cada tanto, distraía sus ojos del sudoku para dirigirlos con impaciencia al vecino de asiento. ¿Se despertaría alguna vez?

Nota del Autor: Continuará y cualquier parecido con la realidad es pura chiripa.