Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de marzo de 2012

Domingo Hugo



Martin Scorsese lo ha bordado. Sacha Baron Cohen y Ben Kingsley también. La película es una gozada y ella solita me ha iluminado este domingo que deseo sea igualmente feliz para tod@s. La música de Erik Satie aparece como fondo de imágenes de la Primera Guerra Mundial, coloreadas y convertidas al 3-D. Así sí que merece la pena el 3-D, Maestro Scorsese.

viernes, 25 de marzo de 2011

Inside Job


Si no me equivoco, hoy se estrena en los cines españoles el documental ganador de un Oscar 'Inside Job' en el que Charles Ferguson nos da su visión -documentada, que para eso es un documental, no lo olvidemos- sobre el crash financiero de 2008, poniendo ante las cámaras a varios de los peces gordos vinculados a la hecatombe financiera y sometiéndolos a preguntas incómodas.

Cuando Ferguson recogió el Oscar, dijo lo siguiente: "Discúlpenme, pero debo arrancar señalando que tres años después de que estallara nuestra horrible crisis causada por el fraude financiero masivo, ni un solo ejecutivo ha sido encarcelado, y eso está mal."

Pero que muy mal. Pues ya saben, viernes, día de estrenos, aprovechemos bien el escaso dinero que tenemos. Aquí tienen un adelanto.
 

sábado, 3 de julio de 2010

Escenas Celestiales LXIII


- Así que no hay niños, adultos o viejos. Sólo almas.
- Exacto.
- ¿Y las almas no tienen edad?
- No. Van sumando años, si acaso, durante toda la eternidad, pero eso nada importa.
- No importa...¿?
- No. Da lo mismo. Son almas y punto.
- Pero las habrá más joviales y juguetonas y las habrá más adustas e introspectivas, ¿no?
- Pues no. Son sólo almas.
- ¿Ni unas más impacientes que otras?
- No.
- Pero entonces, ¿se distinguen entre sí?
- Apenas.
- ¡Pero eso es horrible!
- ¿Por qué ha de ser horrible?
- Todos uniformados... no sé... es como claustrofóbico, ¿no?
- Tú no te preocupes por eso. Está todo controlado. De entrada, mírate. ¿Te reconoces?
- No. Lo cierto es que no.
- Ahí está la clave. No hay ningún ego que defender. Tú ya no eres tú, ¿entiendes?
- Ah, ahora lo veo claro. Así, sí. Es como ir de tripi, pero a lo bestia, ¿no?
- Más bien como estar hiperdopado de morfina. Endorfinas a tutiplén y que sea lo que Dios diga.
- Pues haber empezado por ahí.

martes, 9 de marzo de 2010

Precioso capitalismo neoliberal


Desde la aciaga aparición en nuestras vidas de Thatcher y Reagan con su golpe de estado neoliberal, el capitalismo se ha caracterizado por su efectividad en acentuar, progresivamente y de forma inexorable, las diferencias sociales y de capacidades adquisitivas entre pobres y pudientes, todo ello bajo la bandera de la sacrosanta libertad de mercado, ya por completo centrada en la especulación financiera pura y dura. Cada vez son menos los que tienen más y cada vez son más los que tienen menos que ayer. Progreso, que le dicen. Generar riqueza para redistribuirla mejor (¡ja!). El culmen a tanto desarrollo llega con el pensamiento adolfodominguero de que sólo hay que creer en los derechos que cada uno se pueda pagar (¡toma!).

Por eso, cuando vi al personaje de Precious (en la película homónima) vivir en la forma en que vive -no en Kuala Lumpur ni en Kingstown, sino en plena Nueva York- me reprimí el grito "¡Viva el Capitalismo!" que casi se me escapa de la garganta. Porque un sistema que se basa en que haya gente que malviva de esa forma para que otros puedan tener piscinas doradas con rubíes o fuentes de Pepsi-Cola, en el mismo país, es (y perdón por la expresión) una mierda.

Precious es una película valiente por momentos y es de esas pocas producciones de cine norteamericano que sorprenden por su desnudez y por el alto contenido de realismo social que presentan. En Precious aparecen con voz propia los feos, los morenos, los de pelo tieso, los mal vestidos, los sucios, los borrachos, los drogadictos... Igual que sucede con las víctimas de los terremotos, ellos son la mayoría que nadie ve, los que nunca aparecen en las películas de Hollywood, los que se mueren de verdad en las catástrofes, los que se enferman en las epidemias y los que sufren toda la vida… y a veces ni siquiera saben que las cosas pueden ser de otra manera.

Pero no lancen ustedes los sombreros al vuelo todavía: a pesar de incluir un homenaje literal al Realismo Italiano ("Dos Mujeres", de Vittorio de Sica), al final todo queda reducido a un 'realismo' de corte individual. En su último tramo, la película deviene en un auténtico telefilme de Estrenos T.V., con buenos buenísimos y malos malísimos de la muerte y termina en lo clásico: la iniciativa personal de la protagonista la libera de su desesperada situación (y es que ya sabemos que, en el precioso capitalismo neoliberal, el que no mejora es porque no quiere o porque no se lo curra lo suficiente). El sistema funciona, dicen, y tampoco iba la película a sostener lo contrario, si de ganar Óscars se trata, ¿verdad? Remover conciencias sí, pero sin molestar más de la cuenta. Un poco como Obama, no sé si me entienden.


viernes, 5 de marzo de 2010

Ágora


Por fin la he podido ver y ha superado todas mis espectativas. Amenábar ha hecho un gran trabajo con Ágora. La película me parece más creíble en todos los sentidos que Gladiator, por poner una comparación (ahí es nada, Ridley Scott). Las escenas de aproximación y alejamiento desde y hacia el espacio son de una poesía soberbia y nos sitúan con mayor fuerza, si cabe, en la época y en la acción que se narra. Hoy sabemos que la Tierra es redonda. Lo era también entonces, cuando las religiones lo negaban. En el espacio reina el mayor de los silencios y, mientras las gentes se desoyen y se desollan unas a otras sobre la faz de la Tierra, no se vislumbra ningún dios flotando en el infinito.

Desde el momento de su estreno en los cines, he asistido como un testigo mudo a las quejas de quienes se sienten ofendidos por el pretendido tufo anticristiano que destila toda la película. Me parece normal que a quienes están acostumbrados al cine religioso de Hollywood, con sus Túnicas Sagradas, sus Diez Mandamientos, sus 'Víctor Matures' y sus 'Charlton Hestons', etc., etc. les repatee que, por una vez, quien salga mal parada sea la religión. Incluso si la película pecara de tendenciosa y anticristiana, yo la vería como un simple granito que se posa en la pesa vacía de la balanza. Pero es que, además, resulta no ser tal: no son sólo los cristianos los que actúan dogmáticamente contra el pensamiento científico, los judíos también participan en la fiesta, así como los seguidores a ultranza de los dioses tachados de paganos por judíos y cristianos. De forma natural, las tensiones entre unos dioses y los otros se vuelven irresolubles y se concentran finalmente en las piedras o en las puntas de espadas y lanzas. Empuñándolas, la voluntad de poder, ya sea por fe o, simplemente, por mandar, que tanto da.

Cuando Hipatia le dice a Orestes que Cirilo ya ha ganado, no se refiere a la toma de poder que acaba de producirse y que supondrá el fin de la científica, está diciendo que ahí comienza la supremacía del dogma sobre la duda. Ya puede la película ser más o menos fiel a los hechos históricos concretos que pretende retratar -critiquen esto todo lo que quieran, que ahí no entro-, el caso es que, efectivamente, a ese último destello del pensamiento clásico que fue la Alejandría de Hipatia le siguió una etapa de más de mil años de oscurantismo científico. La clarividente matemática, una vez más, acertó, Cirilo ganó y nosotros perdimos para siempre la oportunidad de haber sido hoy en día viajeros de las estrellas. Y eso sí que no tiene perdón de dios.

domingo, 12 de abril de 2009

Domingo Brian



Puede ser que las vacaciones hayan resultado cortísimas, puede ser que apenas nos haya dado tiempo para descansar de tanta crisis, incluso puede ser que las cosas vayan simplemente a peor tras el regreso a casa. Da igual. Aprendamos a mirar siempre hacia el lado más bonito y brillante de la vida. Con algo de suerte, a ninguno de nosotros nos crucificarán, así que no está todo perdido.


miércoles, 8 de abril de 2009

Camino


Hay una imperiosa necesidad de sentirnos seguros que lo traspasa todo. Lo mismo nos convierte en soñadores en busca del santo grial como en siniestros pervertidores del alma propia o de los otros, que tanto da. A veces, de tanto querer a dios, aparecen el diablo y sus tormentos. Un niño puede sentir pavor ante su ángel custodio, vaya que sí. El mundo que nos rodea puede ser muy pequeño y más cerrado aún, tanto como queramos. Podemos acabar siendo monstruos sin enterarnos. O caer en un pozo del que nunca más lograremos -ni querremos- salir. La película de Javier Fesser es bella, brillantemente sutil y espléndida. Dibuja un paisaje humano de complejísimos claroscuros. Aguardando un milagro, los protagonistas arrastran a duras penas el pecado original y una existencia que se les desmorona irremisiblemente, con la fe como único asidero. El amor también aparece, aunque en la dirección equivocada -esas flores a Escrivá- y la compasión por la niña que se muere se troca en un desconcertante aplauso en las mismas puertas del cielo. El espectador se asoma con asepsia a comportamientos de humanos alienados, que le resultan cuando menos chocantes, con códigos de conducta casi inexcrutables y un reverencial culto al líder. Una secta, en definitiva. No hay caricatura posible. No hay insulto alguno, por mucho que insistan. Lo que hay es diagnóstico. 

Secta, según la Real Academia Española: 
1. Conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica. 
2. Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra.
3. Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa.
Dudo mucho que la forma de vida elegida por sus integrantes esté inspirada en la matriz original del cristianismo. Más bien va a ser que no. Lo dice muy bien Manolo Saco en su blog: "Una de las grandes aportaciones del Opus Dei al corpus ideológico de la Iglesia es la demostración de que los ricos sí pueden ingresar en el Reino de los Cielos, por muy listo que se haya creído el hijo de su dios."


domingo, 5 de abril de 2009

Domingo Nilsson


Serán los brillantes arreglos de cuerda, será la letra que describe tan bien la soledad, será esa caja con escobillas que no cambia nunca y que suena a tren, o será que la oí por primera vez con tres años y los hipnóticos falsetes del final se me quedaron grabados para siempre. Es una de mis canciones favoritas y no hay responso que se le pueda comparar. Escúchenla, vayan luego a misa y si encuentran allí algo mejor, cómprenlo.


domingo, 15 de marzo de 2009

Cuidado con los resbalones


Nota aclaratoria: Escribí esta entrada hace una semana, pero he creído conveniente no publicarla hasta hoy, con el festival ya clausurado o a punto de hacerlo.

Al final va a ser cierto que el X Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria ha arrancado sin alfombra roja. Desde hace semanas lo venía leyendo en los titulares, pero creía que se trataba de una metáfora para significar que el nivel de gastos se reduciría en comparación con el boato de las anteriores ediciones. Ha resultado no ser una metáfora y este año no hay alfombra.

Si la jugada obedece a una audaz estrategia de marketing sin precedentes, dispuesta a situarnos en el orbe como el único festival de cine cuya inauguración acontece sobre el pavimento crudo, pues vale. Además de audaz, me parece fascinante, como todo lo que conlleva cierto espíritu transgresor, y sólo cabe desear a la iniciativa la mejor de las suertes. Pero si lo que querían nuestros dirigentes es hacernos saber que hay crisis, ya les digo yo que no hace falta, gracias, que lo sabemos desde hace bastante tiempo, porque nuestros sueldos nos lo dejan bien clarito desde la primera semana del mes. Y si lo que buscan es que pensemos que se solidarizan con nuestra miseria y que nos acompañan en el sentimiento, improvisar unos músicos ataviados como vagabundos, interpretando alguna marcha fúnebre, al pie de la escalinata, habría sido muchísimo más acertado. Y bastante más original, por cierto, aunque tal vez algo más caro, claro.

Yo, ignorante de mí, de haber podido elegir, para abaratar costes habría limitado el número de cañones del escenario del carnaval o habría salvado de la quema a dos o tres voladores de los gordos en el entierro de la sardina. En cualquiera de ambos casos, no creo yo que nadie hubiera reparado en su ausencia. Pero una alfombra... y roja... y en la inauguración de un festival internacional de cine... que
algunos incluso valoran entre los mejores de España... ¿no habría sido mejor hacer los recortes en otros apartados presupuestarios menos expuestos a los flashes, como, por ejemplo, en los sueldos, dietas y demás emonumentos de los que deciden estas cosas?

Nota aclaratoria 2: Esta misma noche y dentro del festival he podido indagar algo sobre la ausencia de la alfombra y sólo puedo decir que estoy de acuerdo con la decisión tomada. Aunque desde fuera cueste algo comprender la resta de glamour, lo cierto es que me parece que ha habido buenas razones. En cualquier caso, no me corresponde a mí exponerlas. Faltan explicaciones de cara al espectador, pero no soy yo quien debe darlas. Eso también va en el sueldo.



lunes, 16 de febrero de 2009

Frost vs. Nixon


La recomendabilísima película 'El Desafío' nos muestra el enfrentamiento entre Richard Nixon, el único presidente defenestrado/dimitido de la historia de los EEUU, y David Frost, una aparentemente frívola estrella del 'star system' televisivo inglés y australiano de los 70 que decide hacer las américas invitando al ex-presidente -por un módico precio- a romper su silencio de tres años en cuatro entrevistas ante las cámaras. La película es verdaderamente magnífica, la recreación de los hechos es muy rigurosa y las interpretaciones de los personajes son de Óscar, de Globo de Oro y hasta de Lady Harimaguada. En definitiva, todo lo que se diga es poco. Hay que verla.

Nixon (magistralmente mimetizado por Frank Langella) hipnotiza desde su primera aparición en el helicóptero que ha de llevárselo para siempre de la Casa Blanca, la mirada extraviada a través del ventanuco, a medio camino entre el desconsuelo y el K.O. técnico, como aquél que no acaba de enterarse de todo lo sucedido. O sí: la máquina que le transporta se eleva hacia la puesta de sol y le aleja sin remisión del mayor centro de poder del mundo mundial. A partir de ahí, el director Ron Howard describe con exquisita sutileza los mecanismos íntimos del poder, lo que impulsa a una persona a querer ser el centro del mundo, la distorsión que un poder omnímodo necesariamente provoca en el individuo y, especialmente, la devastación personal generada por la pérdida de ese poder.

Resulta del todo fascinante contemplar a un Nixon alejado del mundanal ruido, recluido en su encantadora mansión californiana 'La Casa Pacífica' (tal cual, en español), rodeado de su fiel guardia de corps (inconmensurable Kevin Bacon, entre otros) y abandonado a una absoluta y lánguida decadencia.

Desde esas amargas y a la vez privilegiadas bambalinas, Nixon cree ver en la oferta de David Frost el perfecto pasaporte para su 'rentrée' en la vida pública, el anhelado regreso al centro del poder, la recuperación del cetro. Se pone a la tarea exhibiendo su mejor perfil de experto estadista. Oyéndole relatar pormenorizadamente sus encuentros con Mao o Brezhnev nos sentimos transportados al espacio en el que se toman las grandes decisiones. Parece que fuera cosa natural y sencilla tener a un presidente soviético en el salón de tu casa (para Nixon efectivamente lo era). Entrevista tras entrevista, el ex-presidente va dando los pasos necesarios para su gran retorno. Sin embargo, en un momento dado, algo se rompe. En un punto de inflexión cargado de whisky, el estadista se deshace y aparece la persona. Entran en juego la duda, la conciencia revuelta, la constatación de estar llevando a cabo la jugada sobre el engaño, la firme intuición de que cualquier victoria suya irá acompañada -ya para siempre- de la sombra de la sospecha, el cansancio físico debido a los años y, finalmente, el peso de la verdad. Nixon no salió jamás de la casa pacífica.

Ya ven: Otros se dedican a dar clases magistrales o a hacer bolos por el mundo, sin rechazar ninguna de las conferencias que se les ponen a tiro. Debe de ser cosa de los abdominales.