Hay un proyecto minero para extraer oro en Perú, que tiene como contrapartida la inexorable extinción de cuatro lagunas. Oro o agua: hay que elegir. Y los campesinos de la región le dan prioridad al agua, claro, porque dicen -y con toda la razón- que el oro no se bebe y que el ganado necesita beber para proporcionar leche con que hacer quesos y generar riqueza. Este tipo de riqueza les debe de parecer un chiste a los que llevan las riendas del proyecto que se va a desarrollar en Perú pese a la firme oposición de los principales afectados. Los que llevan las riendas del proyecto son una empresa minera peruana y otra de los EE.UU. y aseguran -al estilo Jeb Bush- que, de llevarse a cabo, supondrá riquezas inimaginables para todos. Pero los campesinos no son bobos, tienen memoria y recuerdan que "Cajamarca lleva décadas de explotación minera y sigue igual de pobre". Hay un frente abierto -otro más- por el respeto a los recursos naturales de los pueblos, pero sobre todo por la decencia. Ya está bien de colonialismo, neocolonialismo o como puñetas se llame y de que los obtusos que sólo se guían por el brillo y el oropel decidan lo que se hace con la Tierra.
A Javier Ortiz, algún tiempo después
Hace 3 años
