De Sade siempre me maravilló la extraordinaria facilidad para hacer canciones sobre una misma base repetida cien veces. Estrofas y estribillos -a veces también uno y hasta dos puentes- se suceden sobre una estructura rítmica que permanece invariable. Uno es transportado por universos musicales de distintas alturas y profundidades, sin darse cuenta de que, debajo de todos ellos, la nave es todo el rato la misma. Arte compositivo y de arreglos. Orfebrería fina. Feliz domingo a todos.
A Javier Ortiz, algún tiempo después
Hace 1 año
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