lunes, 21 de diciembre de 2009

El clima no es un banco


Copenhague ha sido un fracaso. Obama, que podía haber aprovechado la cumbre para constituirse en un verdadero líder mundial, ha preferido barrer para casa miserablemente, quedándose en simple registrador de la propiedad del país que más contamina el mundo con diferencia. Una decepción enorme, que no es nada comparada con el daño que la falta de decisiones valientes y decididas va a suponernos a todos. Con todo, hubo voces sensatas, pero fueron desoídas, por aquello de matar al mensajero. Es una lástima que la determinación de los gobiernos más pudientes, a la hora de tapar los agujeros bancarios de la crisis económica, no haya asomado siquiera la nariz por la capital danesa en estos días. Y eso que el encuentro venía preparándose desde hacía más de dos años. De haberse tratado de una cumbre improvisada, el resultado no habría sido mucho peor, me temo. Decía Aznar no hace mucho, haciendo gala de su envidiable sentido común, que no hay por qué preocuparse por un problema que en todo caso sólo lo sufrirán nuestros nietos... o no. Todo apunta a que éste es el tipo de pensamiento que ha prevalecido estos días en Dinamarca. A tenor de la falta de acuerdos vinculantes, hay que concluir que desgraciadamente es así. Que se jodan nuestros nietos... o no. A mí, plin, que diría José Mari.

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