jueves, 10 de diciembre de 2009

25 días


Trato de imaginarme lo que se debe de sentir cuando se decide dejar de comer por mucho tiempo. En el aspecto físico, supongo que los retortijones del tracto digestivo van perdiendo protagonismo a medida que pasan los días y van siendo sustituidos por las fatigas y las continuas náuseas. La debilidad se vuelve extrema hasta desembocar en el agotamiento y el delirio. Es previsible que, para entonces, hasta tragar agua pueda llegar a doler.

Son ya 25 días los que Aminetou Haidar permanece en huelga de hambre y escribo estas líneas con su imagen más reciente aún en la retina. La vi ayer en el telediario. Tiene los pómulos muy marcados, las mejillas cóncavas y enormes ojeras. Habla con gesto cansado, pero con determinación. El brillo de sus ojos es el mismo de siempre. Teniendo en cuenta el tiempo que lleva ingiriendo sólo agua y azúcar, me maravilla el aura que la rodea cuando se dirige a su interlocutor. Puede que sólo sea la impresionante calma con la que habla o algún reflejo que se ha colado en el encuadre de la imagen. En Cuarto Milenio aún deben andar preguntándose qué es ese aura. Yo se lo diré: es la dignidad. Los más brutos se preguntarán, sin duda: ¿Y eso se come?



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