viernes, 18 de junio de 2010

Polonia marca la senda


Desde 1996 atesoro una camiseta de las aerolíneas soviéticas, adquirida en mi primera visita a Berlín. Es verde oscuro y lleva en el pecho el logotipo de Aeroflot, consistente en una hoz y un martillo con alas. La cuido bastante y todavía está ponible... salvo en Polonia, donde es delito. Tengo otra, de la cerveza Roter Oktober (Octubre Rojo), que lleva la efigie de Lenin con unos auriculares puestos. Ésta es más 'cool' que la anterior, porque hace mofa del gesto adusto del revolucionario ruso, pero en Polonia también es delito vestirla, igual que lo es abanderar una imagen del Ché (a ver si Esperanza tenía razón cuando le llamaba terrorista...). El ensalzamiento del comunismo en cualquiera de sus posibles formas es perseguido por la ley polaca con la misma contundencia que en Alemania se persiguen las veleidades pro-nazis. Multa y hasta cárcel.

El Ejecutivo centroderechista de Donald Tusk ha aprobado una reforma del Código Penal polaco en la que se endurece la represión a la “propaganda de ideologías criminales”, en la que ahora, junto al nazismo y fascismo, se incluye el comunismo. Todos al mismo saco de mierda. De esta forma tan sencilla, a la par que elegante, se equiparan el fascismo y el comunismo, identificando a éste último con la vertiente más autoritaria del Estalinismo y proscribiendo de paso aquel pernicioso e impresentable ideal comunista que decía: "Cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades." Sólo falta que la ley polaca se aplique en toda Europa y así, de a poco, llegaremos a una sociedad de lo más centrada, a mitad de camino entre el pensamiento neoliberal y el neoliberalismo, que es una ideología que nunca mata, como es bien sabido. A la cárcel con la resistencia. Fuera incordios. Es el fin de la historia de Fukuyama. Me parece perfecto y creo que estamos tardando.

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