Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paz. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de febrero de 2011

Islandia, la revolución silenciada


Sostiene Isaac Rosa que si no tenemos corresponsales retransmitiendo en directo lo que sucede en Islandia -muy al contrario que lo que ocurre con los países árabes- es con toda la intención, porque la simple visión de lo que allí está pasando podría darnos ideas peligrositas. En ese país continuamente sobrevolado por aviones que enlazan Frankfurt y Los Ángeles, una revolución pacífica y ciudadana que tiene lugar desde hace dos años lleva conseguidas las siguientes cosas:

1.) la dimisión del gobierno,
2.) la nacionalización de la banca,
3.) la persecución penal a los banqueros responsables de la crisis,
4.) el rechazo mediante referéndum del pago de la deuda bancaria del país,
5.) la elaboración de una nueva constitución más democrática y social y
6.) la aprobación de una iniciativa para convertir el país en un refugio internacional para la libertad de prensa, donde el próximo Julian Assange pueda trabajar sin que lo encarcelen ni le cierren la web.

Y, mientras yo me muero de envidia y los aviones de Lufthansa sobrevuelan esa isla sin mirar abajo, la revolución islandesa sigue.

martes, 11 de enero de 2011

La paz es el camino


Lo del comunicado de ETA hay que cogerlo con pinzas, sin duda. Pero cabe recordar la cita atribuida a Gandhi "No hay caminos para la paz, la paz es el camino", por si alguien se pensó alguna vez que conseguir el cese del terrorismo iba a ser un camino de rosas. Que ETA no haya atentado desde lo de la T4 ya es un paso en el camino de la paz, por pequeño que sea; que haya emitido un nuevo comunicado diciendo adiós es otro, aunque 'no sirva'.

Hay muchos ánimos exaltados en la reacción escéptica -cuando no directamente frentista- al comunicado y lo veo lógico, pero creo que Rubalcaba se hace un flaco favor a sí mismo -y a España- cuando rechaza, de manera taxativa, que la verificación del cese de la actividad de ETA pueda ser arbitrado por instancias internacionales. Dice que España se basta sola para acometer la tarea. Pero, del mismo modo que reclamamos que la ONU o la misma España intervengan en el contencioso marroquí-saharaui, no debería suponernos trauma alguno que la superación de la tensión política que subyace en el problema vasco-español pasara por la tutela de instancias independientes y objetivas, de forma que pueda prevalecer la verdad por encima de los intereses de una u otra parte. Lo digo por aquello de la ecuanimidad y de ponerse en la piel del otro, nada más, y por si la ecuanimidad, a día de hoy, aún sigue teniendo sentido para alguien. Y por seguir andando por el camino de la paz, ahora que en él nos encontramos.