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jueves, 16 de junio de 2011

El FMI, esa institución... (y 3)



Continuación de la entrada de ayer.

Veamos el ejemplo más cercano de Hungría. Tras el crack de 2008, el FMI aplaudió a su gobierno por mantener el objetivo de acabar con el déficit a base de aplicar drásticos recortes sociales. El pueblo húngaro, horrorizado, respondió defenestrando al gobierno y votando por el único partido que les prometía hacer pagar a los bancos por la crisis que ellos mismos habían creado. Introdujeron una tasa del 0.7 a los bancos (cuatro veces mayor que en cualquier otro lugar). El FMI se puso histérico, afirmando que esto era un elemento "altamente distorsionador" para la actividad bancaria -a diferencia de los rescates, claro- y advirtiendo de que esto haría que los bancos no quisieran saber nada del país. El FMI canceló todo su programa de ayuda a Hungría a fin de intimidar al país.

Pero el colapso predicho por el FMI no tuvo lugar. Los húngaros continuaron aplicando medidas moderadas, en lugar de hacer caer su peso sobre la población. Establecieron impuestos especiales a los sectores más productivos de la venta al por menor, a las energéticas y a las empresas de telecomunicaciones y tomaron fondos de pensiones privadas para pagar el déficit. El FMI se oponía a cada una de las medidas, demandando insistentemente recortes sociales a las capas más desfavorecidas. Era el mismo manual de siempre, con las mismas amenazas de siempre. Strauss-Kahn había hecho prácticamente lo mismo en todos aquellos países en los que el FMI había operado, desde El Salvador a Pakistán, pasando por Etiopía, países todos ellos en los que los recortes sociales habían sido impuestos a gran escala y de forma drástica.

Si nos tomásemos en serio la idea de igualdad entre los hombres y tuviésemos en cuenta la enorme cantidad de seres humanos que han sido empobrecidos o literalmente muertos de hambre por esta institución, estaríamos discutiendo la creación de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación y la forma de desarticular el FMI al completo y empezar a hacer las cosas bien de una vez.

Strauss-Kahn seguramente confundió a la camarera a la que presuntamente agredió sexualmente con un país pobre con problemas económicos. Al fin y al cabo, a todos los presidentes y altos cargos del FMI les ha sido permitido violarlos con impunidad durante todos estos años... y hasta se les ha aplaudido por ello.

Las tres últimas entradas han sido una traducción libre de un artículo de Johann Hari, en The Independent.

Por todo lo que en él figura, que no es poco, y teniendo en cuenta que el FMI es parte importante de ese conglomerado arcano al que los que nos gobiernan llaman 'los mercados', creo que tenemos una importante lección por aprender y un paso muy decisivo por dar. Malawi y Hungría ya lo hicieron. ¿Nos atrevemos nosotros?

miércoles, 15 de junio de 2011

El FMI, esa institución... (2)




Continuación de la entrada de ayer.
Entonces, en pleno naufragio del hambre, Malawi hizo algo que los países pobres supuestamente no pueden hacer: le dijo al FMI que se fuera. De repente, volviendo a verse capaces de responder ante su propia gente en lugar de tener que hacerlo ante los bancos extranjeros, Malawi hizo caso omiso de todas las recomendaciones del FMI y retornó a la política de subsidios a los fertilizantes, además de otros servicios destinados a la gente común. En dos años, el país pasó de ser un mendigo a tener una cosecha lo suficientemente abundante como para proporcionar ayuda alimentaria a Uganda y Zimbabwe.

La hambruna de Malawi debería ser un grito de aviso para tí y para mí. Subordinar los intereses de la gente a los de los bancos y especuladores causó entonces aquella hambruna. Apenas unos pocos años más y habrían logrado acabar sin duda con toda la economía del país.

En la historia del FMI, este episodio no es una excepción: es la regla. La organización se hace cargo de países pobres, prometiéndoles la medicina que ha de curarles... y luego les introducen el veneno por la garganta. En mis viajes por todos los rincones pobres de este mundo observo siempre las cicatrices de los 'ajustes estructurales' del FMI, desde Perú hasta Etiopía. Países enteros se han colapsado, después de ser 'FMIzados', siendo Argentina y Tailandia en los 90 los casos más conocidos.

Veamos algunos de los grandes éxitos del FMI:

En Kenia, el FMI insistió en que el gobierno introdujera el pago en las visitas al médico. Esto hizo decrecer en un 65% la asistencia a mujeres que buscaban ayuda o consejo en materias de salud y reproducción, en uno de los países más afectados por el SIDA.

En Ghana, el FMI insistió en que el gobierno introdujera el pago por la escolarización. El número de familias rurales que podían permitirse la educación de sus hijos descendió dos terceras partes.

En Zambia, el FMI insistió en recortar las prestaciones en materia de salud y la cifra de muertes infantiles se duplicó.

Sorprendentemente, parece ser que destinar el dinero de tu país a los bancos extranjeros en lugar de a la población no es una buena estrategia para el desarrollo.

El economista ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz trabajó intensivamente con el FMI por más de una década hasta que lo abandonó y pasó a convertirse en un elemento crítico dedicado a alertar sobre lo que el FMI realmente es. Hace algunos años me dijo: "Cuando el FMI llega a un país, sólo está interesado en una cosa: asegurarse de que los bancos y demás instituciones financieras reciben sus pagos. Es precisamente el FMI quien da vida a los especuladores. No está para nada interesado en el desarrollo o en cualquier otro factor que ayude a ese país a salir de la pobreza."

Continuará mañana.

martes, 14 de junio de 2011

El FMI, esa institución...


El Fondo Monetario Internacional, al que ninguno de nosotros elige y que sin embargo determina las directrices económicas de los países a través de decisiones políticas impuestas desde la sombra, tiene también su historia. La cuenta Johann Hari de la siguiente manera:

En 1944, los países vencedores de la Segunda Guerra Mundial se reúnen en un hotel de New Hampshire para repartirse el botín. Con algunas honorables excepciones, como el insigne economista británico John Maynard Keynes, a los negociadores sólo les impulsa una única idea: establecer un sistema financiero global que les asegure la obtención del grueso del dinero y recursos del planeta. Para ello crean una serie de instituciones, entre ellas el Fondo Monetario Internacional.

El cometido oficial del FMI parece simple y atractivo. Se supone que existe para garantizar que los países pobres no se endeuden o, en caso de hacerlo, para ayudarles a saldar la deuda mediante préstamos y asesoramiento económico. Es presentado como el mejor amigo y guardián del mundo pobre, pero, más allá de la retórica, el FMI fue diseñado para ser dirigido por un puñado de países ricos y, más concretamente, por sus banqueros y especuladores financieros. El FMI vela por los intereses de esta casta en todas y cada una de sus acciones. Veamos un ejemplo real:

En los años 90, Malawi, un pequeño país de África suroriental, afronta severos problemas económicos, tras haber padecido una de las peores epidemias de SIDA del mundo y haber salido de una terrible dictadura, así que pide ayuda al FMI.

Si el FMI hubiera actuado según su papel oficial, habría concedido préstamos y habría guiado al país hacia su desarrollo de la misma forma que lo habían hecho el Reino Unido o los EE.UU. o cualquier otro país de éxito, esto es protegiendo sus incipientes industrias, subvencionando a sus granjeros e invirtiendo en la educación y en la salud de su pueblo.

Pero el FMI hizo algo muy diferente. Dijeron que sólo prestarían ayuda si Malawi aceptaba los 'ajustes estructurales' que el FMI demandaba. Obligaron a Malawi a vender prácticamente todo lo que el estado poseía a compañías privadas y especuladores, así como a cortar el gasto destinado a la población. El FMI exigió frenar el subsidio a los fertilizantes, pese a que eran el único medio de hacer crecer algo en el suelo devastado de su país. El FMI impuso dar prioridad a dar dinero a la banca internacional, antes que al propio pueblo de Malawi.

Cuando, en 2001, el FMI descubrió que el gobierno de Malawi había estado haciendo acopio de grandes reservas de grano en prevención de una eventual mala cosecha, le ordenó sobre la marcha vender dichas reservas a compañías privadas. Lo prioritario era obtener el dinero necesario para pagar la deuda contraída con un banco recomendado por el FMI, a un interés anual del 56%. El presidente de Malawi protestó, diciendo que tal paso era muy arriesgado, pero no tenía otra opción. El grano fue vendido. El banco recibió su dinero.

Al siguiente año no hubo apenas cosecha y el gobierno de Malawi no tenía reservas para combatir la hambruna. La población se vió impelida a comer la corteza de los árboles y los roedores que pudiera capturar. La BBC la describió como "la peor hambruna de la historia en Malawi". Había habido una caída de la cosecha aún peor en 1991-1992, pero no hubo hambruna en aquella ocasión, porque el gobierno tenía reservas de grano para distribuir entre la población. Esta vez, sin embargo, al menos un millar de personas inocentes murieron de inanición.

En el punto álgido de la hambruna, el FMI suspendió una ayuda de 47 millones de dólares, porque el gobierno había "sido lento" a la hora de aplicar las reformas necesarias, las mismas que habían desembocado en esa situación. ActionAid, la organización que sí que proporcionaba ayuda real a ras de suelo, llevó a cabo una 'autopsia' de la hambruna, llegando a la siguiente conclusión: "El FMI es responsable de este desastre."

Continuará mañana.