
1. La Gripe porcina (A/H1-N1) no es nueva. Ya existía en 1918 y cesó a mediados de los años 50, para reaparecer en 1977 por intervención humana.
2. Se sabe que la aparición de esta nueva cepa, el 17 de abril de 2009, se ha debido también a la intervención humana (y con toda la intencionalidad, más que por error o negligencia).
3. Esta nueva cepa presenta una tasa de mortalidad sensiblemente inferior a la gripe común.
4. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha cambiado la definición de pandemia, que ya no precisa de un número elevado de víctimas mortales para que ésta sea declarada.
5. Siguiendo los dictados de la OMS, los países se aprestan a instaurar por ley la obligatoriedad de someterse al tratamiento de vacunación en caso de pandemia, incluso en contra de la voluntad de los potenciales afectados, entre ellos, usted.
6. Los contratos de comercialización de las vacunas que se están fabricando eximen por vez primera a los fabricantes de cualquier responsabilidad ante casos de muerte originados por la administración de dichas vacunas.
7. El riesgo de efectos secundarios de dichas vacunas es sensiblemente mayor que los riesgos derivados de la gripe que pretenden combatir.
8. Todo hace pensar que bajo esta preparación mundial para el advenimiento de una pandemia de gripe porcina (y recordemos que la OMS ha cambiado el significado de pandemia) existen intereses inconfesables.
9. Que el más confesable de esos intereses sea quizás el simple y muy lucrativo negocio de las farmacéuticas que fabrican este nuevo maná y de los que invierten en sus acciones.
10. Que otro de esos intereses inconfesables, mucho más siniestro, sea matar a millones de humanos de un tiro, como quien dice, y aliviar de paso el problema de la superpoblación.
No lo digo yo, que en algunos puntos puedo tener mis reservas (sobre todo en este último). Lo dicen la doctora Teresa Forcades y la periodista Jane Burgermeister.
