miércoles, 1 de diciembre de 2010

Wikileaks, EE.UU. y Honduras


El sentido común -el menos común de los sentidos, a decir de algunos- ya nos hacía sospechar, hace más de un año, que aquello de que el ejército hondureño sacara al presidente electo del país por la fuerza no tenía visos de ser una acción muy democrática que digamos. Me harté por entonces de leer comentarios que justificaban el golpe de estado de Micheletti, empleando todo tipo de matizaciones y negando que fuera un golpe de estado. El propio Micheletti esgrimía brazo en alto la Constitución hondureña como justificante de su acción terrorista.

Poco a poco, todos los países de la esfera occidental fueron aminorando sus protestas hasta acabar aceptando la nueva coyuntura de facto (algo lastimosamente parecido a lo que sucedió con el Franquismo en España durante los años cincuenta). Entonces, como ahora con Honduras, se aceptó una situación que cualquiera con sentido común sabía que era totalmente antidemocrática y fascista. Y no vale argumentar que el caso admitía muchos matices y que lo del sentido común hay que mirarlo con lupa, porque ya sabemos -gracias a Wikileaks- que los EE.UU. (que analizan las cosas empleando el sentido común, como es lógico, aunque luego actúen empleando la fuerza) también lo tuvieron claro desde el principio, como bien se puede leer en uno de los informes internos revelados por Julian Assange: "[...] no importa cuáles sean los puntos fuertes del caso contra Zelaya, su salida forzada del país por parte de los militares fue claramente ilegal, y la proclamación de Micheletti como 'presidente interino' fue totalmente ilegítima”.

Lo sabíamos, ellos también lo sabían y ya tenemos las pruebas de que lo sabían. Y, ahora, que vengan Aznar, la FAES, el GEES o Cospedal y lo maticen.

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