sábado, 9 de julio de 2011

Escenas Celestiales CXVII


No todos se limitan a ver pasar la Eternidad contemplando la Gloria Divina. O, al menos, no todo el rato. Como los asistentes a un buen concierto rock que deciden darse un pequeño garbeo a por unas cervezas, de vez en cuando, algunas almas se acercan al borde del Cielo y desde allí se ponen a mirar hacia la Tierra que tienen bajo sus pies. No me pidan que les explique cómo se logra el efecto de que ellas nos vean y nosotros a ellas no cuando miramos hacia arriba, pero el caso es que es así.
- ¡Uy, mira!
- ¿Qué es eso?
- Debe de ser un cohete. Sí, mira, es el transbordador Challenger.
- Pues viene derechito hacia nosotros.
- ¡Tienes razón! ¿¡Qué hacemos!?
- Nada, nada. Ante todo, conservar la calma.
- ¡Que se nos lleva por delante, tío!
- Somos almas, nada malo nos puede pasar. Vamos, repite conmigo.
- ¡Somos almas, nada malo nos puede pasar! ¡Somos almas, nada malo nos puede pasar!
- No mires. No escuches. Desconecta. La realidad material no nos afecta. Relájate. Muy bien. Eso es. Ya está.
- ¿Ya está? ¿Puedo mirar?
- Sí.
- Ante sus ojos, una estela de humo se bifurcaba en dos y millones de fragmentos metálicos, junto a otros más biodegradables, iniciaban su retorno a la superficie terrestre.
- ¡Ha explotado!
Cuando miraron hacia sus espaldas, se encontraron con los ojos de Dios y con un sonriente guiño suyo que no alcanzaron a entender del todo, pero que les reconfortó sobremanera.

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