sábado, 7 de marzo de 2009

¡Felicidades! (de momento)


Creo que estamos de enhorabuena. Granadilla se queda sin puerto (de momento). Se preserva un fondo marino de enorme riqueza ecológica, mientras las alegres previsiones de unos cuantos inversores se fastidian tristemente (de momento). Con la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que implica de facto la protección indefinida de los sebadales del sur de Tenerife, salimos ganando todos (incluso esos inversores, aunque no lo sepan ver).

Las Islas Canarias son un lugar increíblemente privilegiado en cuanto a biodiversidad. Tal vez algunos de ustedes no lo sepan, pero hay muy pocos lugares en el mundo con mayor número de endemismos. Sin esfuerzo alguno -y tal vez por eso no le damos la debida importancia-, hemos tenido la suerte de nacer dueños de una singular riqueza que reclama nuestro cariño y cuidado. Preservar esta herencia natural para el futuro es nuestro deber, además de una sabia inversión a largo plazo. Y si por el camino resulta que no es conveniente que cada hijo de vecino aspire a tener un 4x4, pues yo no vería mal en absoluto que el gobierno canario limitase la presencia de estos artefactos a golpe de decreto. Y quien habla de todoterrenos habla también de carreteras, muelles deportivos o de cualquier otro elemento que deba ser integrado en el medio ambiente sin su permiso (sin el permiso del medio ambiente, quiero decir). Si el respeto entre las personas es algo muy bonito, hacia nuestro frágil entorno resulta indipensable. Estas islas están pidiendo a gritos mucha más seriedad en la planificación y gestión de sus limitados recursos naturales. Yo entiendo el discurso que vela por el progreso y la inversión privada como motor del mismo, pero percibo que ese progreso es cada día que pasa más depredador y menos 'progreso para todos'.

En lugar de un puerto más donde descargar pescado congelado, se pueden crear granjas agropecuarias que produzcan pescado fresco. Condiciones tenemos para eso (de momento). Y no sólo resulta más barato, sino que no ensucia y es más sano.


viernes, 6 de marzo de 2009

A mordiscos


¿Cuál es la finalidad del adiestramiento neuronal (la educación)?: la erradicación del animal y el nacimiento del hombre. La transformación de la ley de la selva en ética y finalmente en contrato social. En síntesis: el fin de la guerra; la supresión de nuestro substrato de mamíferos, por no hablar de nuestro fondo de reptiles, de nuestra ceguera de escualos depredadores o de la territorialidad primitiva y burda de los perros que miccionan por todas las esquinas.

¿Qué quiero decir con esto? Que, en mi opinión, estamos desaprovechando un tiempo valiosísimo buscando
como animales el agujero para salir de la crisis, en lugar de valernos de ésta para educar mejor a nuestros hijos en la compleja tarea de ser personas empáticas y honestas. Se puede enseñar a vivir bien con menos, aprender a ser feliz en la carencia, recuperar valores desestimados como la solidaridad o la generosidad, medir a los demás por su naturaleza más que por sus posesiones... ¡tantas y tan sencillas cosas! No sé si esto que digo sirve de algo, aunque mucho me temo que no. Me estoy poniendo muy salmón (cursi como el color y desasistido como el animal nadando a contracorriente), porque lo que la historia en realidad nos ha venido enseñando hasta hoy es que estas crisis tan gordas irremisiblemente desembocan en guerras igual de orondas. Supongo que siempre es más fácil acudir al substrato, a los fondos, a la territorialidad, a los mordiscos.

P.D.: Vean como, a propósito de esto, don Javier Ortiz vuelve a poner su dedo en la llaga.

jueves, 5 de marzo de 2009

Liberalismo (Democracia 2.0)


Junto a Facebook o Twenty, Twitter es otra herramienta de comunicación de las muchas que pueblan la red de redes. Por su estructura, basada en mensajes cortos, permite una participación muy numerosa y ágil, generando así redes sociales con pasmosa facilidad. En España ya hay varios políticos que optan por acercar su labor a la ciudadanía haciendo un uso encomiable de esta herramienta. La diputada Reyes Montiel es una de ellos. La pobre pretendía retransmitir la Comisión de Investigación de la trama de espionajes de Aguirre desde su puesto, pero la presidenta designada por el PP, Rosa Posada, se lo ha impedido. Alega que el uso de Twitter no está contemplado en el reglamento de la Asamblea de Madrid y que por lo tanto debe prohibir su uso, no hasta que esté regulado, sino "hasta que lo prohíban". Lo ha dicho así, tal cual, y seguramente se ha quedado tan pancha. Ante la ignorancia, prohibición. Es en este tic prohibicionista, a caballo entre la ignorancia menos humilde y el autoritarismo más ramplón, donde se puede reconocer a la derechona española de siempre.

La expresión "
Laissez faire, laissez passer" era empleada por los liberales para indicar que la autoridad política no podía impedir a nadie que hiciera nada que no estuviera prohibido (si no está prohibido, se puede hacer)
. El espíritu de la frase, convendrán conmigo, es esencialmente bello y emancipador. Por eso mismo me está empezando a revolver la sangre (hasta ahora sólo me revolvía el estómago) que la derecha nacional toda haya optado por autodenominarse 'liberal'. En el ámbito del marketing no me cabe la menor duda de que les funciona muy bien -por eso precisamente lo emplean con tanto desparpajo, día sí y día también-, pero lo cierto es que se invisten del término con un calzador impresionante (más bien colosal). Esta derecha tiene de liberal lo mismo que tiene de honesta.


miércoles, 4 de marzo de 2009

Cuba, mira tú por dónde...


¿En qué quedó la reunión aquélla para la refundación del capitalismo? ¿Alguien lo sabe? Si se trataba de hacer el paripé, perfecto: seguimos en donde estábamos, pero peor. No obstante, si por un casual alguien se sintiera tentado de aplicar algo de análisis a la situación actual, no por pasar el tiempo tontamente, sino para buscarle alguna posibilidad de mejora, tal vez le interesaría conocer el dato que traigo a colación: "Cuba, el único país del mundo con desarrollo sostenible." Lo dice un informe de la ONG WWF.

No se me echen encima todavía, por favor. Déjenme decirles antes que esto
no significa en absoluto que Cuba sea un país perfecto -¡cómo podría!-, pero sí que es el único con un Índice de Desarrollo Humano aceptable que hoy por hoy cumple las condiciones para que no tengamos que estar buscando un planeta al que mudarnos en los próximos cincuenta, cien o quinientos años, que tanto da. Sé que hay gentes que consideran que esa diáspora planetaria, en todo caso, la verán -o no- nuestros nietos, así que no es problema nuestro, sino de ellos -o no-, y que el sistema puede seguir como hasta ahora o incluso mejorar si le damos mayores alas al capitalismo. A mí me parece que esto último habría que reconsiderarlo (es decir, aquí también cabría decir "o no").

Soy un ignorante, nunca lo he escondido. No sé cómo se puede salir de la crisis, no me imagino qué aspecto tiene el capitalismo refundado, no sé qué pasos hay que dar, pero sé que permanecer impasibles en el continuismo es de locos, eso seguro:
Si las cosas siguen como en la actualidad, hacia 2050 la humanidad necesitaría consumir los recursos naturales y la energía equivalentes a dos planetas Tierra.

Cuando esto suceda, nadie podrá decir que Cuba haya tenido la culpa. El gráfico es suficientemente claro como para que cualquiera lo entienda. Yo me limito a darle al
informe toda la publicidad que puedo, porque entiendo que la merece.



martes, 3 de marzo de 2009

Pepe Rubianes


Éramos unos chiquillos en plena vorágine hormonal adolescente. En los recreos de cinco minutos, entre clase y clase, a salvo de la mirada de los profesores, nos entreteníamos representando pequeños 'sketches' teatrales (ahora unos gángsters intimidando al bueno de forma vil y cobarde, después Liza Minelli y Joel Grey cantando aquello de 'Money makes the world go around...', o más tarde cualquier cosa de los geniales Martes y Trece). Todos los números tenían algo en común: la palabra.

Pero un día le vimos en la tele sumergirse en una bañera sin agua, dándole a las llaves del grifo, haciendo que el agua -inexistente- estuviera a punto de rebosar por todos lados. Las manos reproducían en el aire las ondas del líquido rebelde y de aquella boca salían las onomatopeyas más perfectas que jamás habíamos escuchado: "scumm, splosh, swooosh, scjascjascaj...". Faltaban aún mucho años para que se dijera así, pero realmente 'nos partimos la caja' viéndole hacer. De verdad. Hasta las lágrimas. Esos ruidos y gestos pasaron a ser los protagonistas casi únicos de nuestros recreos de cinco minutos. Y aún hoy, cuando nos juntamos los de entonces, siempre los recordamos y los repetimos con la sonrisa de oreja a oreja. Todo esto puede resultarles intrascendente, lo sé, pero he decidido contarlo, porque tal vez a Pepe le habría gustado saberlo y, aunque él ya no pueda escuchar, yo tenía que decírselo. Gracias por su maravilloso regalo, señor cómico.

Y yo también me cago en "la puta españa, la negra, cavernícola, reaccionaria, casposa y fascista". Esto también tenía que decirlo. ¡Hala! Ya se pueden poner a lincharme...

lunes, 2 de marzo de 2009

La civilización del egoísmo


Toda la estructura ideológica del capitalismo se asienta en la creencia de que a las personas las mueve, por encima de cualquier otra cosa, su egoísmo y el afán individual de acumulación de riqueza. No lo digo yo, aparece en todos los manuales de la economía de libre mercado. Tal vez la premisa sea cierta y por eso el sistema capitalista se ha convertido en el dominante (guerras aparte, claro). En comparación, los experimentos colectivistas basados en la vertiente solidaria del ser humano se han revelado históricamente mucho más frágiles.

De acuerdo: asumamos que es así. Tengamos en cuenta también que el engranaje crediticio, en su práctica totalidad en manos de la banca privada, responde a la misma lógica. De hecho, aunque los bancos siguen obteniendo millones y millones de beneficios, al mismo tiempo cierran el grifo del crédito a las empresas que inmediatamente se vienen abajo. El miedo al colapso lo inunda todo, la crisis es por lo tanto estructural y ha llegado para quedarse. La lógica parece entonces aconsejar la aplicación de regulaciones que desplacen el combustible del motor social desde el egoísmo individual hacia una visión más social del sistema económico. Si el egoísmo ha sido el causante de la debacle, desterrémoslo en lo posible, o, dicho de otra forma, cambiemos de mentalidad, de valores y de metas, apliquemos una visión radicalmente distinta del proyecto de sociedad y de su desarrollo, establezcamos un punto de inflexión que permita vislumbrar un futuro más prometedor que el dibujado por el simple egoísmo.

A un conocido mío, sobradamente montado en el dólar, le pregunté por su visión de las cosas a medio/largo plazo: "Aquí va a haber que cambiar muchas cosas. El sistema no puede seguir como hasta ahora, ¿no crees?" Y me contestó: "Aquí no va a cambiar nada. Sólo que cada uno va a tratar de escapar loco como pueda." Esta respuesta tan clara y tajante, proveniente de alguien que desde luego no está pasando estrecheces, ni se prevé que las pase en el medio/largo plazo, me abrió los ojos.

¿De verdad alguien pensó que dándole dinero público a los banqueros, éstos iban a hacer otra cosa con él que tratar de escapar locos como pudieran?

Asquito me dan. Y respecto al de la foto en concreto -repantingado en un sofá de la Moncloa-, sólo le faltó poner los pies sobre la mesa. Eso y el puro.



domingo, 1 de marzo de 2009

El rayo azul


Quién sabe. A lo mejor, en algún momento de mi niñez, pude haber elegido no inquietarme, echar por la senda fácil de los lugares comunes y familiares, conformarme con las respuestas sencillas y dejar de hacerme preguntas incómodas, dejar de lado la curiosidad y entretenerme repitiendo los mismos gestos día tras día. Pienso que me habría resultado fácil: sólo tenía que dejarme llevar. Después de todo, yo creía en el mundo que mis padres me mostraban día tras día. Creía tan ciegamente como sólo puede hacerlo un hijo que se siente muy querido. Si los muertos se iban al cielo, pues se iban al cielo. Si dios nos miraba desde arriba -yo miraba al cielo azul, azul, azul- es que dios nos miraba desde arriba. Dios era tan real como los reyes magos o el París de Julio Verne con su Torre Eiffel, de los que también guardábamos figuritas o dibujos en casa. E incluso tenía profesores que me hablaban de su existencia y de su naturaleza trina (y aquí siempre me entraba sed). Que dios fuera tres cosas distintas a la vez -padre, hijo y espíritu santo- ni siquiera me parecía algo difícil, tratándose de él. Era, a todos los efectos, una tarea relativamente sencilla para un dios omnipotente. Que yo lo entendiera era lo de menos. Años más tarde, ya saliendo de la infancia, supe que no había nada que entender.

Quiero decir con esto que, cuando aún eres niño, la línea que separa lo real de lo imaginario está aún por dibujarse y seres de ambos lados cruzan esa línea caprichosamente varias veces al día (y por las noches ni te cuento). Así, los superhéroes vuelan, los monstruos acechan escondidos debajo de tu cama o adoptas como hermano pequeño a un oso de peluche, al que abrazas y con el que conversas por las tardes. Con los años y con ayuda de la razón, cada uno de esos seres retorna, probablemente ya para siempre, al sitio al que en realidad pertenece y la línea que los separa queda nítidamente trazada. En algún momento de mi niñez, decía, tal vez pude haber hecho una excepción con dios y convencerle para que se quedara en este lado, junto a París y Julio Verne, mientras lo veía marchar hacia el lado de los monstruos o de los hermanos imaginarios. Pero no se dejó.