viernes, 31 de julio de 2009

Las multinacionales democráticas


No todo está perdido para el pueblo hondureño y para su democracia. Adidas, Nike, Gap y Knights Apparel se han dirigido por escrito al inquilino de la más famosa casa blanca que hay en Washington, distrito de Columbia, E.E.U.U., para implorarle que apoye decididamente -y promueva- el retorno de Zelaya al poder.

Como empresas fabricantes de productos en suelo hondureño, sostienen que las cosas les van igual de bien ahora que antes de la llegada de Micheletti y que su postura se debe exclusivamente a razones de ética y no de negocios. Si damos crédito a esto, tendremos que pensar que la mano de obra barata no se ha dedicado, en ningún momento, a hacer huelga de brazos caídos en señal de protesta ante el golpe de estado. O que ningún camionero del país ha optado por aparcar estratégicamente su herramienta de trabajo, colapsando las principales rutas de exportación. Las multinacionales aseguran que pueden fabricar y exportar igual que lo hacían antes. Vale, aceptamos pulpo. Quieren la democracia y son unas marcas chachonas. Me lo creo.

Hasta ahora, el tipo chachón de la película era Obama. A ver cómo sale de esta. Llevaba días con los ojos de todo el estadio mundial puestos en su persona, esperando una jugada maestra suya, una escapada brillante que acabara en gol, aunque fuera en el último minuto. Muchos días dando a entender que él quería marcar, que estaba frito por marcar, pero que no le pasaban el balón y que, además, no podía enfrentarse él solo al equipo multinacional. Pero han sido precisamente los centrales de este equipo los que acaban de dejarle la pelota muerta ante la línea de gol, para que remate a placer. Sólo tiene que darle con la puntita. O quitar al hooligan que ha saltado al campo desde la grada ultra para cubrir la portería (Micheletti, creo que se llama). Haciendo esto último, el balón entra solo: democracia 1 - fascismo 0.

jueves, 30 de julio de 2009

Europa, retrato retrete


La primera vez que fui a Alemania lo hice en autobús, partiendo de la Plaza de la Universidad de Barcelona, una agradable tarde de verano. Era la primera vez que cruzaba los Pirineos para adentrarme en un mundo que yo ya conocía a medias por los libros de mi colegio, pero que seguía siendo un misterio pese a todo lo aprendido.

Había programadas bastantes paradas en el camino hasta el destino final del trayecto: Múnich. Algunas iban a durar más de media hora, para que los viajeros pudiéramos aliviar las necesidades en los baños o en los restaurantes de carretera. A mí la carretera me trastoca la próstata, así que bendije todas y cada una de las paradas. Bueno, bendecirlas, lo que se dice bendecirlas, no todas. Recuerdo perfectamente la vomitiva letrina con cartel de WC en algo parecido a una estación de autobuses en Port Bou. La taza estaba rota y las aguas y olores fecales lo inundaban todo. Aguanté la respiración lo justo para orinar y salí pitando, guardándome las ganas de hacer algo más, porque preferí continuar mi viaje manteniendo la salud. Cada vez que acudía a un lavabo, podía apreciar que estaba más limpio que el que había dejado muchos kilómetros atrás. Fue un verdadero ascenso gradual de los infiernos. Recuerdo que, en Lyon, el suelo de los baños ya se podía pisar, pero las tazas estaban repletas de papel higiénico y desperdicios, como si tirar de la cadena fuera pecado o algo así. En Mulhouse, cerca de la frontera con Alemania, pude por fin hacer uso de un baño completamente limpio a la vista, aunque no así a la nariz. Una vez cruzada la frontera germana, pude por fin recongraciarme con la existencia en un aseo que olía a desinfectante aromatizado y brillaba como dos soles. Sentado en el retrete, que me parecía forrado de diamantes, recordé aquel anuncio del Vim Clorex Verde que nos vendían de niños, en el que te podías comer una manzana en el mismísimo lavabo. Aquí hubiera podido hacerlo, de haber tenido una manzana a mano. Y no había secreto alguno: una señora se encargaba de mantener las instalaciones en un estado prístino. Aguardaba sentada junto a una mesa en la puerta de los aseos a que le dieras la voluntad. Recuerdo haberle dado más de lo que ella sin duda esperaba, pero se lo merecía. Me había hecho sentirme en el cielo. El resto de los baños alemanes que visité siempre estuvieron a la altura. Por públicos o transitados que fuesen, siempre eran un primor. Hoy en día lo siguen siendo. Sentí que en aquel país las cosas funcionaban como tenían que funcionar. O que, por lo menos, sus habitantes tenían clarísimo que hay cosas muy importantes que hay que mantener limpias, porque, si las dejas a su bola, se enguarran solas.

Esta historia tan escatológica e intrascendente es mi principal recuerdo de aquel viaje por carretera. Y pienso en lo que habría sentido de haber nacido en Múnich y si el viaje lo hubiera hecho a la inversa. Conforme me acercaba a mi destino, el pánico iría aumentando a la par que los retortijones y yo me preguntaría, aterrado, a dónde coño iba. Menos mal que esta historia pertenece al pasado, ¿no?

Por cierto, en el fondo, aunque no se lo crean, estoy hablando de política.

miércoles, 29 de julio de 2009

Receta de Nueva Cocina Colonial


Ya sé que me repito más que el ajo, pero el tema de Honduras es que me trae por los caminos de la amargura y la impotencia. Los días pasan. Pasan las horas. Los golpistas se asientan progresivamente en el poder con cada nuevo minuto que ganan detentándolo. Washington parece estar esperando el momento de culpar a Zelaya de cualquier derramamiento de sangre que ocurra en su país. Obama no ha vuelto a abrir la boca, porque alguien debe haber entrado por la puerta secreta del despacho oval para explicarle que se trata de la puesta a punto de una nueva receta triunfal, para cocinar exquisitamente las relaciones internacionales en el siglo XXI. Esa receta es bien sencilla y se puede aprender y reproducir con sólo ver cómo se hace. Incluso se podría denunciar, porque se salta a la torera las más elementales normas de higiene democrática. En tal caso, ¿ante qué autoridad?, ¿el Tribunal Internacional de La Haya?, ¿la ONU?, ¿serviría de algo? Igual sí. Por eso los medios apenas registran lo que pasa en Honduras en estos días o lo hacen de forma sesgada: para que la receta no sea tan evidente. Porque mira que lo es. Aquí la tienen, perfectamente redactada por Máximo Kinast para Argenpress (vía D. Rafael, en su Mojo con Morera). Léanla. No tiene desperdicio. Es tan sencilla que no tendrán ni que memorizarla. Ya lo verán.

martes, 28 de julio de 2009

Sindicalista retrógrado piquetero


Coincidiendo con el estreno de la película 'Che' de Steven Soderbergh, protagonizada por Benicio del Toro, Esperanza Aguirre carga contra Ernesto Che Guevara en un cónclave de las nuevas generaciones del PP, llamándole “canalla”. Acabar con el prestigio de un médico es fácil si se da pábulo a denuncias anónimas infundadas y se le ríe la gracia a quien comete la infamia de llamarle "doctor muerte". Hacerse con el puesto de presidenta de una comunidad autónoma puede ser sencillísimo, si dos contrarios se ausentan oportunamente de la votación adecuada. Es de natural gracioso -y hasta chispeante- improvisar un chascarrillo con las picotas regaladas ayer cuando la putrefacción gurteliana afecta a piezas muchísimo más gruesas del mismo frutero desde hace meses. Encararse con un funcionario para que a éste le quede claro con quién está hablando, mientras se mastica chicle, es señal de tener las cosas claras. Y suma y sigue. Ya puestos, ¿por qué no llamar sindicalista, retrógrado y piquetero -así, para que rime con Zapatero- al vulgar individuo que tenemos por presidente? No hay nada que perder y muchos votos que ganar.

Este parece ser el esquema mental de Aguirre, a tenor de su comportamiento y actitud pública. Tal vez piense que con estas acciones, permisividades y proverbiales toques de fortuna, es como se construye la imagen de un político triunfador. Se comprende que se mueve en la seguridad de que es así como se ganan votos y más votos y lo cierto es que la fórmula, hasta ahora, parece funcionarle. Siempre suele haber votantes deseosos de lanzar dardos al culpable de su infortunio. Y es tan fácil señalarles al culpable...

La jugada se completa cuando el lider natural -o lideresa, en este caso- se sitúa al frente de sus mesnadas para proferir bien alto y a la cara del culpable aquellos insultos que sus votantes llanos quisieran decir para al menos desahogarse, pero no lo hacen. Bien por miedo a represalias, bien porque la cabeza no les alcanza para conjugar los tres epítetos de forma tan magistral -y ahí la aristocracia para Aguirre es un grado-, o bien -simplemente- porque son menos faltones que su timonel. Pero esto último, a Esperancita, quizás ni siquiera se le ha pasado por la cabeza. Ni se le ha pasado por la cabeza que tal vez se ha pasado. Como todo se lo pasa antes por el forro...

lunes, 27 de julio de 2009

Obama y Honduras


Zelaya tiene razón: reclama a Obama que actúe "con fuerza" contra los golpistas. En el comienzo de la crisis hondureña -es decir, tras el golpe de estado, porque fue un señor golpe de estado- la postura del presidente norteamericano fue la de unirse al coro internacional de los que reclamaban el respeto a las normas democráticas y la restitución del cargo al presidente exiliado a la fuerza. Pero parece ser que la boca se le va haciendo más y más pequeña al rey del mundo conforme pasan los días. Y los días pasan precisamente porque el rey del mundo lo consiente. No puede dejarse de lado el hecho de que a EE.UU. le viene de perlas poner freno a la expansión de las políticas despreciativamente tildadas de "populistas" y que simplemente propugnan un reparto más justo de las riquezas en países con un vergonzante desequilibrio social y un control más exhaustivo sobre las transnacionales que explotan esos recursos o controlan su comercialización y exportación. La democracia no vale en estos casos, porque el incómodo poder de esos regímenes "populistas" ha surgido precisamente de las urnas, así que golpe al canto. Es un encontronazo en toda regla entre el discurso de la democracia y su aplicación efectiva, teniendo en cuenta los poderosísimos intereses capitalistas de las multinacionales. Obama pone el discurso bonito, el poder real de Washington -CIA y Escuela de las Américas mediante- pone los deplorables hechos y la cosa se estanca.

Por eso, creo que Zelaya ha dado en el clavo. La única opción que queda es poner a Obama entre él mismo y su sombra. La comunidad internacional debería aunar esfuerzos para hacer que el presidente norteamericano se definiera mediante una declaración firme que incline la balanza en uno u otro sentido. En primer lugar, para no demorar más en el tiempo la solución del conflicto, haciéndole así el juego a los golpistas- y, en segundo lugar, para que el mundo entero sepa quién gobierna realmente en EE.UU. -fuera máscaras- y quién, en consecuencia, seguirá gobernando en Honduras. No hay otra. Salvo la revolución, claro, pero ésta lo suele dejar todo perdido de sangre.

domingo, 26 de julio de 2009

Domingo positivo



Tengo amigos muy queridos a los que, para dolor mío, no parece haber manera de hacer que soporten al grupo Yes o alguna de sus canciones. Este es mi penúltimo intento.

En esta versión del clásico 'Your Move', el vocalista Jon Anderson reserva su aparición a los coros finales que homenajean a Lennon y su aflautada voz es sustituida por la de... ¡¡Robert Downey Jr.!! Cosas veredes, amigo Sancho. El gamberrísimo actor se descuelga con una voz y un saber cantar que para sí quisieran muchísimas estrellas consagradas del rock y del pop. Si se metiera a cura católico y el Vaticano le dejara amenizar la liturgia, los fieles acudirían en tropel a la iglesia. Pero no quiero dar ideas, que luego se me revolucionan. Paz, hermanos.

sábado, 25 de julio de 2009

Escenas Celestiales XIV


Nuestra escena celestial de hoy comenzó en la Tierra, muchos años antes. Sesenta y tres años antes, para ser precisos. Colin y Chloé se amaban intensamente cuando a Chloé le detectaron un cáncer en un pulmón. Un nenúfar, le llamaron. Chloé no superó el crecimiento de su flor de agua dulce y murió, dejando a Colin desconsolado y encerrado en su libro para siempre. Bueno, para siempre no. Hoy he decidido que, dado el tiempo transcurrido, es bastante aceptable y hasta lógico pensar que Colin acaba de partir hacia el cielo y que allí hace su entrada, en formato alma, expectante e ilusionado ante la idea de volver a ver a Chloé sesenta y tres años después. El encuentro no se hace esperar y aquí tenemos a los dos espíritus frente a frente: el de una chica muerta en la flor de la vida y el de un anciano que ha vivido lo suficiente como para conocer los sinsabores de la existencia. Se observan, se auscultan en silencio, se fusionan en un abrazo -algo parecido a una mezcla de gases en un espacio cerrado y a temperatura constante-, se separan y se vuelven a fundir.

El impulso natural -porque él la siguió anhelando todos y cada uno de sus días en la Tierra y porque ella lo adoraba igual que en el momento de morir- fue el de seguir amándose como si el tiempo no hubiera pasado, pero no fue posible. Ella conservaba intacta su alma juvenil. La de él era la de un viejo acabado. La inocencia de ella se le contagiaba a ratos, pero acababa por revelársele demasiado ligera y naíf. Chloé, a su vez, no soportaba el sentido trágico de la existencia que Colin tenía grabado a fuego y que siempre acababa por salir a flote. Más de mil veces le rogó que abandonara su vejez y que recuperara su alma de joven, para que todo volviera a ser como antes. Él lo hizo mil veces, pero sentía que dejaba de ser él. No podía. Le hubiera pedido a ella que hiciera por madurar y acercársele, pero sabía que eso también era imposible. Llegó el temido extrañamiento. Sesenta y tres años transcurridos en la Tierra entre ambas muertes habían dado lugar a dos almas irreconciliables que empezaron a odiarse al cabo de algunas centurias, para terminar distanciándose y no queriendo saber nada de la otra al cabo de los milenios. Y así, de esa forma tan displicente, casi como quien ve deshacerse la espuma, el Cielo fue testigo de una nueva crónica del desamor. Por delante quedaba toda la eternidad.