jueves, 30 de junio de 2011

El camarero del Titanic


Rodrigo Rato es la misma persona que presidió el FMI hasta no hace mucho. Un economista de lo más laureado por todos sus admiradores, pese a no haber sabido anticiparse lo más mínimo a la crisis financiera que puso al mundo de cabeza (y eso que se supone que un presidente del Fondo Monetario Internacional se encuentra bien informado en cuestiones de dinero).

El asombroso mérito de mantener inalterable el rumbo del Titanic (léase 'de la economía mundial') en medio de un mar repleto de icebergs empapelados con señales luminosas (léase 'burbujas especulativas de todo tipo') se ve generosamente recompensado: ‎Rodrigo Rato ganará 10,15 millones de euros al año como ejecutivo de Bankia.

Eso son 150 millones de pesetas al mes, 5 millones de pesetas al día, 700.000 pesetas la hora o 100.000 pesetas por el tiempo de pararse a tomarse un café (figúrate tú el papelón para el camarero que se lo tenga que servir, como se le caiga y le haga esperar por otro).

Me parece 'perfectísimo' eso de que uno gane en diez minutos lo que otro gana en un mes. Le llaman libertad, aunque siempre se cuidan muy mucho de precisar quién de los dos -el piloto del Titanic o el camarero- es el que va de libre por la vida.

miércoles, 29 de junio de 2011

No es negocio, luego no interesa.


Navegando por internet, me encuentro con un artículo cuyo titular viene a decir lo siguiente: "Los investigadores encuentran cura para el cáncer, pero no es negocio para las farmacéuticas y quizá nunca vea la luz". Supongo que cualquiera que lo lea pensará para sus adentros que no puede ser -como me ha pasado a mí-, que se trata sólo de una noticia sensacionalista y que no merece la pena dedicarle ni un segundo más (aunque por ahí aparezca citada la Universidad de Alberta).

De entrada, una cura para el cáncer, así, en genérico, suena demasiado simple, habida cuenta de las múltiples patologías y distintas manifestaciones de las mismas que el término engloba. Como no soy periodista ni estoy adscrito a código ético alguno, ni me molesto en averiguar qué hay de cierto o en informarles acerca de si es noticia o es sólo rumor. Lo que me llama verdaderamente la atención -hasta la náusea- es la constatación de que la segunda mitad del titular sí que lleva razón: tal cual está el sistema en el que nos movemos, es más que probable que muchos remedios farmacológicos de gran efectividad permanezcan sin comercializar, porque, simplemente, no supongan negocio alguno para las multinacionales que manejan el cotarro. Y eso sí que es miserable -cuando no criminal, directamente-, hablando de salud humana y de medicamentos, aunque no se trate de los que acaben con el cáncer.

martes, 28 de junio de 2011

Como evitar que los hijos te salgan ateos


Me encuentro en internet a un padre que sufre y padece bajo el siguiente temor: "No quiero que ninguno de mis hijos acabe siendo castigado por Dios.". El angustiado prócer pregunta: "¿Cuál es la mejor forma de evitar que tu hijo se vuelva ateo?"

Y he aquí la respuesta que ha de tranquilizar su alma ad aeternam:

No los eduques, ni los expongas al pensamiento crítico, lógico o científico.

Miénteles constantemente acerca de cómo funciona el mundo. Aliméntalos con supersticiones y hechos no probados como si fueran el conocimiento y díles que se trata de sabiduría profunda.

Haz que desprecien sus propios cuerpos y sus funciones. Convénceles de que son débiles y muy poca cosa... y que necesitan redención. Díles que cualquier cosa que proporcione placer es tan perjudicial que ni siquiera habría que pensar en ella y que su única fuente de goce debería ser dirigirse a un amigo invisible.

Asegúrate de que guarden resentimiento hacia el que no sea como ellos en algún extremo (color de piel, nacionalidad, opinión política y, sobre todo, credo). Díle que esa gente es mala y atribúyeles a esas minorías la capacidad de oprimir de alguna manera a la vasta mayoría que piensa como tú.

Enséñales a reírse y a ridiculizar cualquier religión que no sea la suya. Asegúrate de que sepan distinguir lo antes posible entre la superstición errónea (esa que sitúa a un lunático en medio del desierto contando la verdad de un dios que mata a la gente) y la verdad divina y eterna (esa que sitúa a un lunático en medio del desierto contando la verdad de un dios que mata a la gente).

Instrúyeles con severidad a no cuestionar nada por ellos mismos, a no pensar ni a experimentar por sí mismos, sino a buscar las respuestas en un compendio -y sólo en uno- de cuentos de mediana calidad literaria de la Edad de Bronce.

Y sobre todo, asegúrate de que no sepan deletrear, usar la gramática correcta o comprender palabras básicas de su idioma.

Con todo esto, bien aplicado, debería bastar.

lunes, 27 de junio de 2011

La Flotilla de la Libertad


Lo van a intentar otra vez, a pesar de que la ONU trata de hacerles desistir de la idea por su bien. La misma ONU que, en cumplimiento de sus propias resoluciones, debería conminar a Israel a que permita la asistencia humanitaria a la franja de Gaza. A Israel, sin embargo, le parece una provocación que un grupo de voluntariosas personas quieran hacer llegar a los palestinos de Gaza un 'arsenal' de ayuda humanitaria: lápices, bolígrafos, cajas de pinturas y rotuladores, gomas, sacapuntas, reglas, cajas de plastilina, pinceles, cuadernos, carpetas, libros, limpa uñas, folios, pegamento, calculadoras, auriculares, estuches, guantes, cajas de juguetes y de ropa, mochilas, relojes, grapadoras, tizas, gafas, linternas, mascarillas, batas quirúrgicas, sobres, vendajes, mallas, vendas, agujas y diferentes equipos sanitarios como tubos de extracción de sangre, equipos de cirugía, ginecología, cirugía cardiaca, angiografía o radiología, entre otras cosas.

Esta nueva expedición ha invitado a la ONU a comprobar que ésa y no otra es la naturaleza de la carga. Por descontado, habrá quien defienda al ejército israelí si le da por repetir la misma historia del Mavi Marmara en cuyo asalto asesinó a nueve tripulantes del barco. La pregunta es: ¿con qué legitimidad o mínimo de conciencia humana se puede defender o justificar una acción así?

domingo, 26 de junio de 2011

Domingo en la bahía



A veces me gustaría poder sentarme durante media hora en la bahía para ver entrar los barcos. Pero sólo media hora. Después creo que me aburriría de la misma forma que lo hacía en aquellas interminables misas a las que me llevaban de niño, muy de vez en cuando. Por suerte, tras la misa llegaba el resto del día festivo. Feliz domingo a todos.

sábado, 25 de junio de 2011

Escenas Celestiales CXV


Era sólo cuestión de tiempo que el teniente Colombo hiciera acto de presencia en aquel lugar. No porque allí se hubiera cometido algún crimen, sino por simple ley de vida. La pregunta era si aparecería con su raída gabardina, con su ojo de cristal y con su aspecto desaliñado... o no. Normalmente, las almas llegaban en su esencia, prescindiendo de cualquier encaje material, lo que las hacía prácticamente impersonales e irreconocibles a ojos de las demás, pero Colombo era Colombo y hay estelas -como bien sabemos los humanos y las galaxias- casi imposibles de apagar, de ahí el interrogante.

Y cabe suponer que sí, que por aquella puerta dorada se vió entrar a una silueta de paso cansino y poblada cabellera, flanqueada por ángeles vestidos de negro, con un puro en la mano y una omnipresente esposa condicionando cada uno de sus movimientos, aunque nadie la hubiera visto nunca. Cabe suponer que hablaba y que lo hacía con voz ronca y con la cabeza inclinada, apuntando en una libretita todo lo que... ¡Espera! ¿Y la libreta?

La libreta y el bolígrafo no habían pasado la aduana del tal San Pedro. Confiscadas. Esas herramientas le hubieran servido para desentrañar los misterios de la existencia y arrinconar a Dios con incómodas preguntas -como, por ejemplo, dónde se hallaba la mañana en que tuvo lugar el terremoto de Haití-, y no parar hasta esclarecer la autoría de tantas y tantas hijoputeces acaecidas a mujeres y hombres inocentes desde el comienzo de los tiempos. Así que nada de libretitas. Colombo sí, con gabardina y todo, pero desarmado. Dios, al fin y al cabo, no es tonto.

viernes, 24 de junio de 2011

Crónicas de Berlín XVI


La "Fête de la Musique" tiene lugar cada veintiuno de junio. Ese día, al menos en Berlín, el que quiera hacer música está en su derecho de montar su tinglado en cualquier parque o plaza, con o sin grupo electrógeno, 'plugged' o 'unplugged'. El resultado es que en la ciudad suenan melodías de todo tipo por todas partes y a todas horas. Una feliz confabulación urdida quién sabe desde cuándo hace que de muchos bares y locales comerciales vayan surgiendo alargadores eléctricos como afluentes de un río que no hace sino crecer y crecer. Conforme va avanzando el día, muchas bandas de muy distinto pelaje van sumándose al espectáculo. Las plazas se abarrotan y no queda más remedio que invadir las calles. Sí señor, como lo está usted leyendo: las calles. Y se invaden con todas las consecuencias, empezando por el inevitable entorpecimiento del tráfico -pero no se oye ni una pita*, tú- y acabando con la gente haciendo grill por las aceras y bajo los andamios. Berlín se vuelve toda ella una inmensa sala de conciertos. Adonde quiera que uno mire, sólo alcanza a ver gente viva y feliz, adueñándose del espacio y del tiempo. En el aire se respira una libertad que el resto del año aguarda escondida en vete a saber dónde. La sensación de estar vivo se multiplica por cien, si no más. Por momentos, uno llega a desear detener el tiempo o que, al menos, este día se repitiera mil veces en la vida.

Así que mi consejo para los que estén pensando en visitar la capital alemana alguna vez es que intenten por todos los medios hacer coincidir su viaje con esta humilde representación del Cielo en la Tierra. No creo que se lleguen a arrepentir jamás.

*claxon